Salud colectiva versus medicalización del sufrimiento humano

Asun Pié, codirectora del Posgrado en Salud mental colectiva de la Universitat Oberta de Catalunya

La ‘medicalización’ de cualquier tipo de padecimiento humano es una práctica muy común en nuestro territorio, aunque cada vez menos aceptada por parte de algunos teóricos y profesionales del sector de la salud. A partir de sus enfoques, defienden que la exclusiva aplicación de la lógica médica simplifica la complejidad del sufrimiento humano y la reduce a causas orgánicas. Algunos de los autores que se oponen a la medicalización son Antonio Lafuente –investigador de estudios de la ciencia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales–, Ángel Martínez-Hernáez –antropólogo de la Universitat Rovira i Virgili–, Eduardo Luis Menéndez –antropólogo del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de México– y Martín Correa-Urquiza –profesor de acción socio comunitaria y salud mental de la Universitat Rovira i Virgili y coordinador de Radio Nikosia.

Me parece especialmente esclarecedor el pensamiento de Antonio Lafuente sobre ‘medicalización’ del dolor en sus numerosos trabajos sobre procomún: “Cada día son más los ciudadanos cuyos padecimientos no son ‘medicalizables’. Unas veces, porque los males tienen un carácter multicausal e incierto (pacientes crónicos), otras porque son el efecto mismo de un diagnóstico controvertido (gentes con adicciones), a veces porque se trata de males huérfanos y, con frecuencia, porque son efectos de situaciones de dependencia, pobreza y exclusión. No ser ‘medicalizable’ implica que nuestros sistemas de salud tienden a inhibirse porque están diseñados bajo el paradigma de la curación”.

El sufrimiento siempre tiene un contexto, está relacionado con condiciones sociales, culturales y ambientales, como expresan Ángel Martínez Hernáez y Eduardo Menéndez. Suscribo totalmente su afirmación según la cual “todo sufrimiento envuelve a un colectivo”.

También considero destacable el trabajo de Martín Correa-Urquiza, para quien el modelo médico hegemónico trata algunas realidades como enfermedades sin curación o como patologías únicamente orgánicas. Esta situación ha expulsado a algunos colectivos al ostrac-ismo, sin ningún tipo de apoyo social. Correa-Urquiza lo investiga en su tesis doctoral “La rebelión de los saberes profanos. Otras prácticas, otros territorios para la locura”.

El planteamiento únicamente ‘biologicista’ no contempla que puedan existir responsabilidades colectivas respecto a personas diagnosticadas de algún tipo de sufrimiento mental. Y niega, también, la estructura social como posibles causas. Por lo tanto, es necesaria una aproximación más compleja a este fenómeno.

Recuperar la idea de salud colectiva
Existe, en contraposición, la voluntad de recuperar el concepto de salud colectiva, heredera de prácticas con más de 30 años en algunos sectores de Latinoamérica. Prácticas que encuentran un sustento teórico y práctico en autores como el pediatra Hugo Spinelli, el cirujano Edmundo Granda, el médico y psicólogo Ricardo Burg Cessim y la catedrática de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario Mónica Liborio, entre otros. Tal como defiende Martín Correa-Uquiza en “Implicación, complicidad y compromiso en salud mental”, el principal objetivo de estas prácticas es “re-conceptualizar la noción científica de salud, para pensar la idea de enfermedad y sus aproximaciones posibles desde una perspectiva que pueda incluir –como factores determinantes– la dimensión estructural histórica, cultural y social de los individuos y grupos, así como sus construcciones subjetivas respectivas”.

La catedrática de medicina Mónica Liborio profundiza en este tema, al cuestionarse y reflexionar sobre ello en el artículo Por qué hablar de salud colectiva.

¿Qué es salud pública?
La salud colectiva nace ante la necesidad de cuestionar los métodos y prácticas realizados bajo el paraguas de la salud pública. Martín Correa-Urquiza explica que surge precisamente ante la necesidad de pensar al individuo, ya no como objeto de intervenciones de los saberes técnicos, sino como sujeto activo en la construcción colectiva de una terapéutica individual y social. La salud pública ha sido tradicionalmente resultado del saber experto elaborado para todas las personas y, en contraposición, la salud colectiva entre y desde todas las personas.

La salud no tiene que ver necesariamente con la medicina. Es una idea defendida por diversos profesionales, que explica el pediatra Hugo Spinelli: “La medicina emparcha lo que lo social ha roto. Así, otorgarle toda la responsabilidad y la jurisdicción sobre este campo al modelo biomédico, implicaría la negación o el desconocimiento parcial de esos otros factores como determinantes”.

A modo de síntesis, Correa-Urquiza también se posiciona a favor de la salud colectiva al afirmar que, si bien incluye los saberes biomédicos, se focaliza “en las particularidades relativas a las construcciones subjetivas de los individuos”. Por tanto, concluye que entender la salud y su cuidado como algo más allá de lo exclusivamente médico abre la perspectiva del compromiso de producir un conocimiento materializado “en acciones emplazadas a eliminar las desigualdades sociales en salud”.
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Para saber más:

Posgrado en Salud mental colectiva – Universitat Oberta de Catalunya – Universitat Rovira i Virgili

Correa-Uquiza, M. (2015). Implicación, complicidad y compromiso en salud mental; en A. Pié (Coord.) Salud mental colectiva I. Participación, inclusión y ciudadanía. Posgrado en salud mental colectiva. UOC-URV.

Martínez Hernáez, A. (2012). Vidas apagadas: el sentido común de la locura y la locura del sentido común. Seminario internacional: revisando la idea de locura, Lanzarote.

Menéndez Spina, E. (2009). De sujetos, saberes y estructuras. Introducción al enfoque relacional en el estudio de la salud colectiva. Buenos Aires. Lugar editorial.

Martínez Hernáez, A. (2008). Antropología médica: teorías sobre la cultura, el poder y la enfermedad. Barcelona. Anthropos.

Lafuente, A. (2007). Los cuatro entornos del procomún. Archipiélago: cuadernos de crítica de la cultura, 77-78, 15-22.

Lafuente, A. y Corsín Jiménez, A. (2006). Comunidades de afectados, procomún y don expandido. Centro de Ciencias Humanas y Sociales, CSIC.

Menéndez Spina, E. (1992). Modelo hegemónico, modelo alternativo subordinado, modelo de autoatención. Caracteres estructurales. En R. Campos (Comp.), La antropología médica en México (tomo 2, 9-24). México. Instituto Mora, Universidad Autónoma Metropolitana.

Martínez Hernáez, A. (1988). Modelo médico hegemónico y atención primaria. Segundas Jornadas de Atención Primaria de la Salud, 451-464. 30 abril al 7 de mayo. Buenos Aires.

Menéndez Spina, E. (1984). El modelo médico hegemónico: transacciones y alternativas hacia una fundamentación teórica del modelo de autoatención en salud. Arxiu d’etnografia de Catalunya, 3, 85-119.