7 claves para promover una educación no sexista

Lidia Arroyo, investigadora del grupo de investigación Género y TIC del IN3 (UOC).

1. Juguetes

El juguete es un elemento esencial de la socialización de género y provoca expectativas vitales y laborales. El juego está relacionado con lo que proyectamos que queremos ser de mayores. Si se regalan juguetes relacionados con el cuidado del otro, cocinas o bebés sólo a las niñas, estamos haciendo una diferencia de género.

En el otro extremo están los videojuegos donde la violencia es un medio para alcanzar un objetivo, que se regalan básicamente a los niños. Es más aconsejable ofrecer a niñas y niños juegos de estrategia que ayuden a desarrollar la creatividad.

No se trata de prohibir juegos, sino de dar opciones que puedan transitar por diferentes parcelas de su personalidad. Los juegos tradicionales son una alternativa, ya que no contemplan la separación de género.

 2. Vestuario

Las decisiones de compra de madres y padres tienen mucho que ver con la ropa que llevan los niños, incluso con independencia de su opinión. A diferencia de los juguetes, la indumentaria es la marca de identidad, es como se sale en el mundo. Por ello, hay que invitar a madres y padres a tomárselo con normalidad y sin prejuicios y, al mismo tiempo, perder el miedo. No hay que preocuparse acerca de si a una niña o un niño le gusta determinada prenda, significa que tendrán una orientación sexual u otra. Y el motivo es que esta tendencia se manifiesta con independencia de la ropa.

3. Deporte mixto

Las actividades extra escolares a menudo se programan teniendo en cuenta las preferencias de madres y padres y de la escuela, en lugar de pensar en niños y niñas. Debería haber una oferta atractiva e inclusiva, independientemente del sexo de la criatura. Las escuelas deberían promover ligas deportivas mixtas, en lugar de la segregación en determinadas actividades, como el fútbol.

4. Espíritu crítico con la televisión

Las series, las películas y la publicidad deberían mostrar un modelo de infancia con el que niñas y niños se sientan cómodos, siempre que sea real. La familia y la escuela son los agentes que deberían hacer reflexionar a los niños y niñas sobre estas cuestiones, si bien no todos los núcleos familiares disponen de la formación y las herramientas necesarias.

5. Tareas domésticas

El caso más crítico son las tareas de la casa y el ejemplo que se da. Por mucho que digamos a nuestros hijos que el mercado laboral debe ser igualitario, nuestra argumentación pierde toda su fuerza si el padre sólo asume en casa tareas puntuales y la madre se ocupa del peso de la gestión.

 6. Coeducación con la escuela

La coeducación es un principio presente en toda la normativa educativa y la oferta de recursos y formación para docentes cada vez es más numerosa. Sin embargo, la formación universitaria y reglada todavía presta una atención pequeña a aspectos de género.

7. Un patio igualitario

El espacio compartido por excelencia es el patio de la escuela. En la década de 1990 ya se analizaba qué uso hacen niñas y niños de este espacio: la zona central era para uso de los niños y que alrededor y en los rincones se situaban las niñas para desarrollar habilidades como hablar y jugar a juegos que requieren poco espacio físico.

El inconveniente es que este esquema se traslada a la sociedad: el hombre ocupa las partes centrales, ostenta posiciones de poder, y la mujer se sitúa en un espacio invisible y marginal, sin llamar demasiado la atención. Por ello, es necesario que el profesorado establezca una negociación de los espacios y que se distribuyan de manera igualitaria y justa.

El artículo 7 claves para educar sin estereotipos machistas se publicó por primera vez en el Diari de Tarragona.