La cuarta revolución industrial: la robótica y el futuro del empleo

Elsa Santamaría, directora del Máster de Empleo y Mercado de Trabajo, de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación

Dos noticias sobre el futuro del empleo ante la denominada cuarta revolución industrial: una buena y una mala. La mala noticia es que corremos el riesgo de que muchos de los empleos actuales se destruyan y desaparezcan, con los consiguientes problemas de desempleo que acarrea. La buena noticia es que se crearán nuevos puestos de trabajo, desconocidos hasta ahora, generando nuevas oportunidades laborales. La pregunta ahora no es con qué versión nos quedamos, porque ninguna de estas noticias plantea una realidad absolutamente cierta de forma aislada. Como en otros momentos de la historia se ha demostrado, las dos noticias plantean realidades futuras muy probables. Por tanto, ante la evidencia del avance de la robotización y de la inteligencia artificial, la cuestión consistiría más bien en plantearnos si los nuevos empleos que se están generando y se generarán compensarán los que se están destruyendo y si esto sucederá no sólo en términos de cantidad, si no también de calidad.

El debate sobre el futuro del empleo viene de lejos, se ha llegado a sentenciar su ocaso, aunque también se ha relativizado ese final, destacando los beneficios que se presentan en un escenario laboral cada vez más digitalizado y robotizado. Este debate se actualiza sobre todo en periodos convulsos como el que estamos viviendo, con la aparición de informes cuyos resultados siguen basculando entre incidir en las amenazas o resaltar las oportunidades y que los medios de comunicación se están encargando de divulgar.

Aunque también se presenta una tercera alternativa basada en la cooperación de las personas y los robots, pero no sólo pensando en los robots como herramientas que facilitan el trabajo de las personas (como lo podrían hacer por ejemplo unas gafas de visión aumentada o un exoesqueleto), sino experimentando la conexión de cuerpos con dispositivos digitales, generando una especie de ciborgs o híbridos entre humano y máquina. En medicina, por ejemplo, esta hibridación robot-persona ya tiene aplicaciones conocidas (implantes de chips, órganos artificiales y dispositivos que mejoran la calidad de vida) y son cada vez más utilizadas y aceptadas. En el ámbito del empleo, todavía son pocas las incursiones de este tipo, pero ya se están presentando propuestas como la del visionario de Silicon Valley, Elon Musk, quien aboga por mejorar digitalmente los cerebros humanos, conectándolos con los ordenadores, para continuar siendo relevantes en un futuro plagado de inteligencia artificial.

En el Máster de Empleo y Mercado de Trabajo, nos preocupa tanto el futuro del empleo como el presente y por eso nos preguntamos:

¿Qué puede hacer el o la profesional de la intervención laboral ante este panorama de revolución tecnológica?

Los y las profesionales que analicen e intervengan en el empleo tienen ante sí un gran desafío. Por una parte, por lo inquietante que resultan los cambios que el momento actual dibuja y sus consecuencias para el empleo, en general, y para las personas trabajadoras, en particular; y por otra parte por las tareas que como profesionales van a tener que realizar y las competencias que van a tener que desarrollar. Resulta evidente que todo este escenario nos interpela a todos y todas como trabajadores/as. Y más evidente todavía es que se necesitan profesionales que sepan orientar, mediar e intervenir, tanto a nivel personal con los/as trabajadores/as, como a nivel organizacional para asesorar a las empresas sobre cómo devenir una organización 4.0, como a nivel de los organismos gubernamentales para asesorar y advertir sobre los múltiples aspectos de la realidad de las empresas y los/as trabajadores/as, así como sobre las políticas y acciones a emprender.

Por tanto, existen multitud de dimensiones sobre las que asesorar e intervenir, pero consideramos que de esas dimensiones, tres están resultando ser de capital importancia:

  • En primer lugar, todo aquello que tiene que ver la formación de los nuevos escenarios laborales, es decir, con la supresión y creación de puestos de trabajo a raíz de los cambios tecnológicos. Es necesario identificar qué empleos y puestos de trabajo están en riesgo y cuáles se pueden crear, así como analizar las cualidades y las calidades de las nuevas formas de trabajo, para poder denunciar los procesos que generen precariedad. Este proceso implica que los/las trabajadores/as y las empresas tendrán que pasar por cambios y ajustes importantes, que generalmente son difíciles y costosos y por lo tanto mejor si llevan a cabo con el asesoramiento y el acompañamiento de especialistas en este campo.
  • En segundo lugar, sobresale la dimensión de las competencias: ¿qué competencias serán las más requeridas? La digitalización y la robótización está modificando muchos procesos laborales y prácticas, para los que se demandarán competencias no sólo técnicas y académicas, sino también transversales y más relacionadas con habilidades personales y sociales como son: la adaptabilidad, la creatividad, el pensamiento crítico, la comunicación, etc.
  • Y en tercer lugar, todo aquello que tiene que ver con el ajuste económico y social del avance tecnológico, esto es, con las desigualdades en el mercado de trabajo. La corrección de la vulnerabilidad de ciertos colectivos en el mercado laboral pasa por la protección y también por la formación y capacitación en las nuevas tareas y trabajos que se creen en los nuevos contextos laborales. Pero ¿serán eficaces los mecanismos de protección social? y ¿serán suficientes las políticas de educación y capacitación? Una cuestión está clara: habrá perfiles laborales que se automatizarán progresivamente y estos perfiles serán los menos cualificados. Esto conllevará un aumento de la desigualdad salarial y social, precisamente porque la tecnología tiende a hacer desaparecer trabajo poco cualificado y a generar trabajo cualificado. Por tanto, uno de los retos de será trabajar por un mercado laboral que respete los derechos de las personas trabajadoras y que sea más justo e inclusivo. Y en esto tendrán un papel preponderante los y las especialistas en el análisis y la intervención en el mundo del trabajo.