¿Actividades “útiles” en la escuela?

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Jordi Solé Blanch, profesor del Grado en Educación Social de la UOC.

La “pedagogía de las competencias” se ha extendido en todos los niveles del sistema educativo. De hecho, forma parte del argumentario pedagógico de las últimas reformas. Es así como el pensamiento neoliberal pretende convertir la escuela en el lugar donde hay que aprender los saberes y destrezas “útiles” de nuestro sistema social y el estilo de vida que conlleva. Todo ello se acompaña con una crítica a la escuela que le reprocha la lejanía con la realidad de todo lo que en ella se enseña. Una realidad que exige el desarrollo de “actividades auténticas” en las aulas o la promoción de una “pedagogía basada en proyectos” que pone siempre en el centro de la acción educativa la “utilidad” de lo que tiene que hacer el alumno a fin de recuperar su motivación. No se quiere que la enseñanza llene las cabezas con “contenidos muertos” y es por eso que todo el mundo cree que hay que preparar a las nuevas generaciones para que aprendan a hacer frente a la implacable competición de la vida, en unos tiempos en los que la vida se ha convertido en un proyecto, en una marca que debe ser objeto de revalorización día tras día.

“Proyectos” y “actividades auténticas” llenan las aulas de un nuevo dinamismo, haciendo la actividad escolar más entretenida, tal y como dicen muchos niños y adolescentes cuando se les pregunta por estas experiencias. Sabemos que el juego y el entretenimiento tienen efectos educativos y hace tiempo que se defiende la ‘gamificación’, es decir, el “aprendizaje basado en el juego”, como la nueva estrategia que debe revolucionar el proceso de enseñanza-aprendizaje. La ‘gamificación’ fue presentada en las conclusiones del Informe Horizon Report 2014 como una de las tecnologías emergentes que se implantará en nuestras escuelas en los próximos años. Algunas ya lo llevan a cabo. Basta hacer una búsqueda genérica por internet para ver algunos ejemplos.

El cambio educativo que se impulsa hoy promueve todos estos modelos y se espera del profesorado que desarrolle nuevos roles como “acompañante” de los aprendizajes o guía en el juego, invistiéndose de las mismas actitudes y competencias que hay que fomentar en los alumnos. ¿Corre peligro el profesorado de ser borrado de la escena educativa? Sí, a él le corresponde crear las condiciones para que estas prácticas cobren sentido en el aula, pero este nuevo rol de “animador” o incluso de ‘coach’ educativo –tal como se oye decir entre los más desacomplejados–, desplaza a un segundo plano la posibilidad de que se produzca un encuentro. Me refiero al encuentro entre el maestro y el alumno en relación al saber y el acto de transmisión.

Es posible que pueda haber herramientas de aprendizaje y nuevos procedimientos capaces de sustituir al maestro –el mercado de las tecnologías educativas es capaz de proveernos para satisfacer todos los gustos–, pero no hay nada que pueda ocupar su posición en relación al saber, puesto que solo él puede encarnarlo –tal y como nos dice Recalcati en ‘La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza‘ (Anagrama, 2016), un libro tan delicioso como necesario–, ofreciendo un testimonio en torno al deseo de saber. No descartamos que el estallido de nuevas metodologías pedagógicas y la creatividad que vemos desarrollarse en muchas aulas se esfuercen por crear las condiciones que hagan posible este encuentro. Sin embargo, hay un ideal en torno a la retórica de la “utilidad” y las “competencias” que remite al orden neoliberal y que, como mínimo, debería incomodarnos. Porque la ‘gamificación’, para seguir con este ejemplo, forma parte de las nuevas estrategias gerenciales en el seno de las empresas neoliberales para crear entornos laborales más lúdicos y entretenidos a fin de mejorar el rendimiento de los trabajadores. O la lógica de los proyectos, base constitutiva del ethos emprendedor.

Hay que pensar y medir, pues, algunos entusiasmos, puesto que todo hace pensar que, en las escuelas, desde que los niños son muy pequeños, se proporciona el entrenamiento apropiado para responder al ideal del amo. Si es esta la “utilidad” que hay que promover, estamos preparando el terreno de la nueva “servidumbre voluntaria”, aunque a nosotros nos parezca que solo jugamos.