El debate del Cinefórum ‘Yo, Daniel Blake’ pone en valor el papel clave de los profesionales en orientación e inserción laboral

Nizaiá Cassián, profesora del máster universitario de Empleo y mercado de trabajo: intervención y coaching en el ámbito laboral

El papel clave que juegan los profesionales dedicados a la orientación e inserción laboral y la necesidad de construir una mirada crítica, ética y comprometida centraron el debate del Cinefórum sobre Yo, Daniel Blake, de Ken Loach, organizado por los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación. El pasado 29 de mayo y como profesora de los Estudios en el área de Psicología de la Intervención Social tuve la oportunidad de compartir ese debate con Xavier Orteu, profesor colaborador de la UOC del grado de Educación Social y del máster universitario de Empleo y mercado de trabajo: intervención y coaching en el ámbito laboral, reflexionando sobre cuestiones que son transversales a diversas asignaturas y programas de los Estudios, en el ámbito de la psicología del trabajo, la orientación e inserción laboral, la intervención social y el campo de la psicología social.

La película toma como punto de partida una reflexión frecuente en el cine de Ken Loach y que atraviesa buena parte de sus películas, en las que ha abordado  cuestiones vinculadas a derechos laborales, las condiciones de la exclusión y una mirada crítica respecto a los sistemas de asistencia social.

Daniel Blake es un carpintero de 59 años que por primera vez en su trayectoria laboral, se ve obligado a acudir a los servicios sociales, al caer enfermo por problemas cardiacos. Aunque su médico dictamina que no puede trabajar porque si lo hace su salud corre grave peligro, la administración (a través de una instancia externalizada de evaluación) dictamina que se encuentra apto y decide no concederle la baja médica que por derecho le corresponde. Daniel se adentra en un laberinto burocrático para apelar al dictamen que lo declara como sano y le obliga a trabajar. A la vez que debe seguir en la búsqueda de empleo o de lo contrario recibirá una sanción que le cancelará la prestación por desempleo.

Su recorrido por los circuitos de los servicios sociales y de inserción laboral, pone en discusión qué implica estar protegido en el marco de este Estado del bienestar que se desmantela, con especial énfasis en la reflexión sobre los efectos de precarización de los actuales dispositivos de inserción.

Del “sujeto protegido” al “sujeto empleable”: una mirada crítica sobre las políticas de empleabilidad y activación en el campo laboral

En el debate se propone analizar cómo se ha modificado la idea del sujeto protegido del Estado del bienestar y qué efectos de exclusión genera esta mutación. En el centro de sus películas, Ken Loach analiza el desmantelamiento del Estado de bienestar en Reino Unido y las consecuencias de las políticas de recortes, en un sistema que genera situaciones de precariedad y vulneración a los ciudadanos que debería proteger. La destrucción de los derechos y pactos ligados a este sistema de protección, y su reconversión hacia una deriva neoliberal, plantea como principio fundamental que cada cual debe asumir individualmente el riesgo y suerte de su destino.

Esto se observa en el progresivo desmantelamiento del “sujeto protegido” del Estado del Bienestar y la desaparición del que había sido su modelo de intervención social frente al desempleo, basado en la protección social. La película nos muestra una mutación en este modelo, que da cuenta de una reformulación de este sujeto de derecho que pasará a ser redefinido en tanto “sujeto empleable”, y del giro de un enfoque basado en la protección, hacia una lógica de intervención basada en la activación. La película toma como punto de partida la situación del protagonista, donde los seguros y prestaciones por desempleo dejan de concebirse como un derecho frente al riesgo de exclusión, y pasan a ser concebidos como recursos discrecionales que técnicos, funcionarios y diversos trabajadores del campo social, tienen la potestad para asignar o retirar.

Kean Loach nos propone analizar los efectos de estas políticas en el marco de la inserción laboral y cómo de facto éstas expulsan a los ciudadanos que debería defender. Estos programas de activación y empleabilidad tienen efectos altamente problemáticos al operar bajo la responsabilización individual. A la vez, comportan un desplazamiento de un derecho universal (por ejemplo de un seguro de desempleo), hacia su redefinición como un derecho subordinado a la implicación de la subjetividad y el comportamiento de las personas solicitantes (evidente en los cursos de formación que Daniel se ve obligado a realizar aunque de hecho resulten absurdos  e innecesarios para la especificidad de su campo laboral).

Y subordinado también a la evaluación altamente subjetiva y parcial que realizan los técnicos y trabajadores sociales del nivel de esfuerzo que manifiesta la persona que solicita esta ayuda en su búsqueda de empleo. En este sentido, la película retrata la agresividad implícita en estos cauces burocráticos y en el trato de diversos trabajadores sociales, manifiesta en esa especia de sentimiento de sospecha constante que se expresa sobre las personas que solicitan algún tipo de ayuda. A la vez, se cuestiona la externalización de estos servicios sociales, por ejemplo a partir de la delegación de agencias contratadas que fungen como comités médicos de evaluación, que priorizan una mirada mercantil sobre las formas de intervención en el campo social.

En relación a estas cuestiones Xavier Orteu concluye en el debate abordando el papel clave que juegan los profesionales dedicados a la orientación e inserción laboral y la necesidad de construir una mirada crítica, ética y comprometida al interior de su campo. Los sujetos del paro son culpabilizados y se obliga a los agentes (de inserción) a buscar constantemente formas de responsabilización del otro, o de penalización de sus conductas. Las situaciones de desempleo van acompañadas de una práctica moral donde se culpabiliza al sujeto señalando que “en realidad no quiere trabajar” o “no se esfuerza lo suficiente para mejorar su empleabilidad”. Esta individualización de los problemas en relación al paro aísla a las personas, y a partir del sistema de competencia ataca las bases de solidaridad, donde cada uno debe preocuparse de sí mismo y de su situación. Es a partir de estas premisas que en la parte final del debate se discute la necesidad de alternativas más justas y solidarias en las perspectivas de la intervención social en el ámbito del empleo.