La exposición a las TIC: el necesario equilibrio entre potenciar conductas positivas y controlar la adicción

Camino López García, profesora colaboradora del máster universitario en Educación y TIC (eLearning)

La velocidad con la que las TIC se han hecho imprescindibles para las personas no nos ha permitido ver las consecuencias del manejo de estas tecnologías, aunque en el año 1995 ya se le empezó a llamar Desorden de Adicción a Internet a una posible patología derivada del uso. Aunque hoy día todavía no es reconocida como una enfermedad por la American Psychiatric Association y su imprescindible manual DSM5, según los resultados del Informe PISA 2015 “el 69% de los alumnos españoles de 15 años confiesa sentirse realmente mal al no conectarse a Internet”. Estos datos pertenecen a un estudio realizado por la OCDE en 980 centros educativos de España, con una muestra de 37.000 alumnos.

Las TIC tienen el potencial de modificar conductas en las personas, tanto de forma negativa como positiva. A nivel positivo, por ejemplo, la realidad virtual es un poderoso aliado para la superación de ciertas fobias, o también los ‘serious games’ tienen el poder de modificar conductas negativas como la del acoso escolar (proyecto europeo eConfidence del Instituto Tecnológico de Castilla y León). Asimismo, la robótica educativa y la programación potencian el pensamiento creativo de los niños y adolescentes, y tener una buena identidad y huella digital a través de un correcto comportamiento en Internet ayuda a construir una reputación óptima y un impacto a escala profesional y personal.

No obstante, hay una cara muy diferente a esta realidad. Hay una línea de pensamiento en investigación que defiende que la adicción a las TIC es un problema creciente, de demanda social y que además empeora con el tiempo de exposición. Existen evidencias sobre ello, traducidas al extremo de dramas sociales como la muerte de adolescentes por jugar ininterrumpidamente. En cambio, hay otra línea de pensamiento que dice que no existe tal adicción, que solo es una fascinación en un primer momento con la novedad que aportan estas tecnologías. No obstante, todos los estudios existentes al respecto coinciden en la idea de que sí existe una dependencia a las TIC y que está ligada no solo al tiempo de exposición a estas tecnologías, sino que el adicto digital suele tener un perfil de carencias afectivas o patológico previo.15

Según los autores Echeburúa y Requesens (2012) “el abuso de Internet puede ser una manifestación secundaria a otra adicción principal o a otros trastornos mentales”, dado que “Internet y otras tecnologías digitales son amplificadores y sensibilizadores de problemas existentes anteriormente” según Greenfield (2009).

Esto es algo que ya podemos ver día a día en las aulas. Alumnos con la necesidad compulsiva de consultar el móvil para ver si tienen notificaciones en las redes sociales: el síndrome llamado de vibración fantasma. Esta situación de nuestros alumnos sumado al aumento de tiempo de exposición a las TIC en la educación debido al interés en desarrollar la competencia digital, deben motivar al profesorado hacia la reflexión. Sin interés en alarmar, es importante asegurarnos de conocer la situación emocional y mental de nuestros alumnos al proponer una acción formativa con TIC. ¿Estamos atentos ante la generación de conductas adictivas relacionadas con las TIC? ¿Tenemos algún plan de detección, prevención y tratamiento en los centros educativos al respecto?