Inteligencia artificial y empleo: entre lo tecnológicamente posible y lo socialmente deseable

Elsa Santamaría, directora del máster de Empleo y mercado de trabajo: intervención y coaching en el ámbito laboral.

El efecto de la inteligencia artificial sobre el empleo y las implicaciones sociales y éticas que deberán considerar las organizaciones para proteger al trabajador fueron el hilo conductor de la conversación que mantuve con Ramón López de Mántaras, director del Artificial Intelligence Research Institute, en un reciente encuentro convocado en Barcelona y en Madrid por UOC Corporate. En el diálogo también participó Daniel Riera, profesor de los Estudios de Informática de la UOC.

López de Mántaras reconoce que las expectativas actuales sobre la inteligencia artificial son muy altas y recomienda cierta prudencia ya que, según afirma, “estamos muy lejos de súper inteligencias que superen a los humanos y nos hagan innecesarios”. Su diagnóstico es que la evolución de la inteligencia artificial se encuentra en una fase inicial y, como consecuencia, queda lejos el escenario de fabricación de robots o máquinas con una inteligencia que llegue a imitar o, más aún, superar a la humana. Además, insiste en que sus pronósticos y estimaciones están basados en evidencias.

Destruir o crear empleo

Ante las reservas sobre si la robotización destruirá o creará empleo, el pronóstico de López de Mántaras apunta a que se producirán ambas situaciones. Este dilema no es nuevo, aunque ahora es muy visible debido a los pronósticos algo alarmistas, como el de Jeremy Rifkin en “La sociedad de coste marginal cero” y el de Carl Benedikt Frey y Michael Osborne en “The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation?”. Y forma parte de un debate más amplio que se viene tratando desde hace años junto con otras disciplinas, sociales y humanísticas que señala las inquietudes generadas ante una realidad laboral en transformación.

Para López de Mántaras, “se seguirá sustituyendo empleo rutinario y mecánico por procesos de automatización cada vez más fiables”. Pero se mantendrán y se crearán puestos de trabajo que requieren procesos creativos, empatía y aprendizajes complejos, que quedan aún lejos del alcance de los robots. De momento, la inteligencia artificial no supone una amenaza para aquellos puestos de trabajo que requieran capacidades como la inspiración, el sentido común y la interacción social, en la que se mezclan sentimientos, emociones, deseos y cuerpos. Ni para aquellos trabajos en los que se necesite una cierta destreza psicomotora. Los robots siguen patrones de pensamiento programados para tareas específicas, no rompen las reglas y difícilmente se manejan bien en superficies irregulares.

Desarrollar el potencial humano

Investigar para que la inteligencia artificial impulse el desarrollo del potencial humano es el reto principal. El futuro del empleo pasa por la colaboración humano-máquina, con el objetivo de aumentar la eficiencia de los sistemas y las organizaciones. Para que esta colaboración sea posible, es más necesario que nunca el aprendizaje a lo largo de la vida y la adquisición de competencias y habilidades orientadas a las nuevas formas de empleo (Ver “News forms os employment”, Eurofound, Dublín 2015). De este modo se minimiza el desajuste de competencias (‘skill mismatch’) que ya se está produciendo en muchos sectores.

Avanzar en inteligencia artificial ofrece la oportunidad de enriquecer a la sociedad pero, más allá del potencial tecnológico, hay importantes determinantes económicos y sociales que condicionarán su adopción, su impacto y sus efectos. Es más, lo que estamos observando es que las empresas que tienen mayores desarrollos en inteligencia artificial –como el grupo GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon)– concentra un considerable poder y riqueza en muy pocas manos y, como consecuencia, dibuja un mapa creciente de desigualdad. La necesidad de regular y redistribuir del empleo y la riqueza serán cuestiones que inevitablemente tendrán que ser abordadas a corto y medio plazo.

Ante los cambios que experimenta nuestra manera de trabajar, consumir, aprender, relacionarnos y, en definitiva, de vivir, parece evidente (aunque no siempre se manifieste) que no nos debe preocupar únicamente lo tecnológicamente posible, sino también lo socialmente deseable. Este es el verdadero reto que tenemos por delante respecto al porvenir del trabajo.