Entrevista a María Vergara: Intervención psicológica con niños y adolescentes víctimas de maltrato familiar

María Vergara, psicóloga y profesora colaboradora de la asignatura Atención a menores en riesgo del Máster en Psicología Infantil y Juvenil de la UOC. Integrante del equipo de atención psicológica a la infancia del Centro EXIL de Barcelona.

¿Qué tipo de intervención se presta a niños y niñas víctimas de violencia y violación de derechos humanos?

El denominador común de las personas que atendemos son  niños y niñas que han sufrido procesos de maltrato cronificado y que las consecuencias les afecten el desarrollo, les generan trastornos del apego y/o de sintomatología traumática. Presentan una serie de comportamientos, de maneras de estar en el mundo y de entenderse a sí mismos y las relaciones que requieren una intervención muy especializada. En nuestro caso, trabajamos desde el Modelo de Trauma Terapia Infantil Sistémica, que está fundamentado en la práctica del Dr. Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan con más de 15 años de experiencia. Esta metodología se asienta en la teoría del apego y su asociación con la neurobiología interpersonal, el trauma, el Modelo Integral del Desarrollo y la promoción de la resiliencia. Por lo tanto, es un paradigma integrador.

¿Cuál es la estructura general o fases de la intervención de este modelo?

Hay dos grandes fases: la evaluación comprensiva que nos permite llevar a cabo de la mejor forma posible y la intervención especializada e individualizada.

En la primera fase de evaluación es importante asegurar un contexto de protección. Es decir, asegurarnos de que estos menores con los que vamos a trabajar estén viviendo en un contexto de seguridad y que sus necesidades básicas bio-psicosociales puedan estar cubiertas. Además, para llevar a cabo una evaluación completa es necesario realizar una valoración sobre tres ejes principales: el niño/ a, el referente o cuidador que está atendiendo las necesidades y el contexto.

En estas valoraciones es importante mantener una mirada biográfica (vs. patográfica) para entender qué es lo que ha vivido un niño o niña en particular, cómo lo ha vivido, como le ha afectado y qué estrategias ha utilizado para sobrevivir. Hemos aprendido que el cerebro es fantástico en el sentido que desarrolla estrategias adaptativas frente a situaciones que son absolutamente insoportables. Cuando el niño se encuentra en contextos protegidos, estas estrategias  se vuelven desadaptativas y le pueden complicar enormemente la vida. Por ejemplo, a un niño no le sirve para nada ‘estar en la luna’ cuando la profesora explica algo en clase, pero ese mismo mecanismo de desconexión pudo resultar clave para sobrevivir determinadas situaciones de violencia familiar.

¿Qué papel juegan los referentes de un niño o niña que ha sufrido violencia?

En cuanto a los referentes, es fundamental contar por lo menos con  un adulto que ofrezca  un ambiente  relacional seguro y de calidad para a reparar las consecuencias de las carencias afectivas y la ausencia de una estimulación adecuada. Es parte de nuestro trabajo valorar la capacidad de dicho adulto de ofrecer un estilo de vinculación lo más seguro posible, de sintonizar y conectar con el menor, de leer en su mente, de encontrar el sentido a por qué el niño hace los que hace, de comprender qué es lo que le pasa a sí mismo ante la inseguridad del niño. Esta capacidad de mentalización del referente es lo que va a guiar nuestro acompañamiento al cuidador o tutor del menor.

¿Hasta qué punto el contexto es determinante?

Sabemos que para los niños que han sufrido maltrato infantil y han sido víctimas de violencia familiar, la psicoterapia individual no es suficiente. Esto nos obliga a tener una visión eco-sistémica y desarrollar un trabajo en red con todas las personas vinculadas directa o indirectamente con el menor. Muchas veces nuestro trabajo implica actuar como traductores, como intérpretes de las conductas (desreguladas o aparentemente incoherentes) de los niños y articular el sentido que tienen desde la lógica de la traumatización compleja. Mediamos entre profesores, técnicos del sistema de protección, familiares, etc. y el niño/a. Resignificar las señales del daño posee un enorme poder terapéutico tanto para los niños/as como para su entorno.

¿Qué aspectos fundamentales contempla la intervención trauma-terapia infantil sistémica?

De forma resumida, puede dividirse en tres bloques de trabajo organizados neurosecuencialmente:

1.    Sintonización y autorregulación. Sabemos que una de las consecuencias más dramáticas del maltrato infantil cronificado es que afecta a la capacidad de autorregulación del menor. En esta fase, por tanto, se trata de fomentar herramientas y recursos para que el niño encuentre una estabilidad emocional y el restablecimiento de la normalidad (rutinas, reducción de sintomatología aguda, etc). Todo ello, por supuesto,  debe hacerse en paralelo con el trabajo con el referente y el contexto.
2.    Empoderamiento. Se pretende mitigar otra de las consecuencias importantes del maltrato: la sensación de vulnerabilidad, indefensión y de amenaza permanente. Es importante haber asegurado antes las estrategias auto-reguladoras del menor: sobre ellas se pueden construir otros elementos relevantes, como estrategias constructivas de resolución de problemas, habilidades sociales, capacidades de función ejecutiva, etc. que contribuyen a consolidar un sentido del si mismo positivo y resiliente.
3.    Integración resiliente. Se focaliza sobre la integración de la experiencia traumática. En efecto, este tipo de trabajo debe realizarse en esta etapa y no antes, una vez que las capacidades y recursos del menor están más fortalecidos. Se trata de facilitar la incorporación de los contenidos traumáticos en la propia historia de vida, su narrativa y facilitar la emergencia de proyectos vitales constructivos.

¿Podrías destacar algún aspecto, demanda o línea de trabajo que vaya a ser relevante en los próximos años?

El contexto escolar y el desarrollo de herramientas TIC que apoyen al proceso terapéutico son dos ámbitos con potencial en un futuro próximo.

En cuanto al contexto escolar, hay que entender las dificultades que presentan para los niños que han sufrido experiencias de violencia familiar. La mayoría de estos chicos/as no presenta ningún problema de inteligencia, pero sí de la capacidad para utilizar sus recursos cognitivos y sus capacidades ejecutivas (organizarse, planificarse, mantener la atención, la motivación, etc.). Estos menores se beneficiarían mucho de investigación sobre cómo adaptar los recursos escolares a sus necesidades específicas.

Y las herramientas TIC en el proceso terapéutico son, por ejemplo, las que contribuyen a integrar procesos emocionales. Ya hay algunos estudios piloto, como el proyecto de realidad virtual EMMA-infancia que se utiliza para ayudar a activar y procesar las emociones y cogniciones asociadas al acontecimiento traumático y facilitar el procesamiento emocional. Pero el campo está todavía en sus inicios y creo que evolucionará significativamente en los próximos años.