Reflexionar las políticas de empleo con mirada de género

Vicky Martín Herreros, profesora colaboradora del máster Empleo y Mercado de Trabajo: Intervención y Coaching en el Ámbito Laboral.

Al hacer el trabajo de campo de una investigación, recuerdo que una técnica de empleo municipal me contó la necesidad de incorporar la igualdad de género en un proyecto de intervención socio laboral, como requisito exigido por la entidad financiadora. Su coordinadora reconoció no saber cómo hacerlo porque no tenía claro qué era el principio de igualdad ni cómo introducirlo en el proyecto. Así, decidieron repetir la frase que el organismo que subvencionaba les había proporcionado. En eso quedó toda la intervención al respecto. Como bien sabemos las personas que trabajamos en el sector de la intervención socio laboral, la financiación externa no es baladí y no cumplir con los criterios que te marca puede acarrear no poder sostener un servicio de orientación de empleo local o no poder hacer formación de algún tipo ese año. A pesar de tan sólo repetir la frase que instaba a incorporar como el principio de igualdad de género en el proyecto, recibieron la subvención.

Reflexionar. Reflexionar es pensar atenta y detenidamente sobre algo. Si reflexionamos sobre el hecho narrado, no nos queda otra que concluir ciertas cuestiones.

  • A pesar de que el principio de igualdad es regulador del Derecho general y del comunitario y rige y ha de nutrir las políticas de los Estados que lo recogen en sus normas (como es el caso de España), su incorporación a todas y cada una de las acciones derivadas de las políticas no siempre parece contar con las herramientas necesarias.
  • La herramienta fundamental que se echaba en falta era la del conocimiento por parte de aquellas personas que debían incorporarlo.
  • A pesar de no dar cumplimiento a la supuesta necesidad de incorporar este principio, de igual modo la subvención se recibió.
  • El organismo que exigía introducirlo no parecía valorar mucho que se hiciera o no.
  • Se constata que se realizan proyectos de empleo que no llevan incorporado el principio de igualdad de género.

Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Avance global sobre las tendencias del empleo femenino 2018”, la tasa mundial de actividad de las mujeres se sitúa en el 48,5 %, 26,5 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres. La brecha salarial de género es de un 20%. Además señala que la probabilidad de que las carreras de las mujeres en el mercado laboral ordinario sea más breve y/o interrumpida es mucho más alta, así como la excesiva presencia de las mujeres en el trabajo informal productivo y vulnerable, inciden negativamente en la consolidación de sus derechos de jubilación.

Políticas de empleo, una inmejorable herramienta

Evidentemente, las políticas de empleo no son la única herramienta sino que, dado su ámbito de influencia, han de ir del lado de políticas más macro que incidan en cuestiones de otro calado pero necesarias para la reorganización del sistema que permita las transformaciones. Coincidiendo conel 1 de mayo, Día Mundial del Trabajo, no podemos dejar de reflexionar, pensar y repensar qué y cómo hacer con las políticas de empleo y las acciones derivadas de las mismas. Tenemos datos como que la tasa de desempleo de las mujeres en el Estado español sigue siendo casi cuatro puntos más alta que la de los hombres, o una tasa de actividad femenina 12% por debajo que la masculina y cuando el 74% de las jornadas parciales las siguen realizándolas mujeres (según datos de la Encuesta de la Población Activa). La formación es una herramienta fundamental, pero ni puede ni ha de dejar de estar acompañada de otras medidas transversales.

En la semana del 8 de marzo de 2018 (Día internacional de la mujer) celebramos en el Ayuntamiento de L’Hospitalet (Barcelona) una sesión en la que el personal técnico del Área de orientación y formación pudiera formarse, pensar y repensar, aprender para ‘deconstruir’ y construir, para crear herramientas y generar nuevas formas en la praxis de su profesión. Contactamos con personas que supieran del tema y que trabajaran habitualmente con estos temas: empleo, trabajo, formación, género, igualdad, proyectos, personas y políticas. Conocer, saber de dónde viene, cómo se diseñan, cómo se genera y se regenera, o cómo se repite hasta que se han convertido en cierto (o así lo parece), como aquella frase del proyecto que tan sólo se copió y pareció ser suficiente.

Cuando hablamos de introducir la igualdad de género en las políticas de empleo, como en cualquier otra, lo hacemos desde dos líneas indefectiblemente necesarias, a la vez y por separado, de nuevo como en cualquier otra política que se dirija a un colectivo discriminado.

  • Hacer políticas de discriminación positiva, específicas y especializadas dirigidas a hacer a la igualdad en el acceso y el sostenimiento al empleo en condiciones iguales, legales y reales, con dignidad y considerando las diferencias y la contracción de la desigual generada.
  • Incorporar la mirada de género en cada una de las políticas y actuaciones derivadas, desde la transversalidad (gender mainstreaming). Esta última tiene muchas ventajas, incorpora la igualdad de género a todo, a cada acción y a cada intención subyacente.

En el citado informe de la OIT se lanza una llamada de atención, ya que la previsión es que a partir del 2021 la tasa de actividad femenina en el mundo disminuya invalidando algunos avances conseguidos hasta el momento. A 20 meses del 2020, este 1 de mayo hemos de plantearnos qué ha sucedido para que las metas que nos planteamos en Europa con la Estrategia 2020 (“Europa 2020: Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador”) estén tan lejos de ser alcanzadas: la tasa de actividad femenina en España no alcanza ni los niveles esperado por Lisboa para el 2010 que eran del 60% y la actual estrategia lo eleva en 5 puntos. Y hemos de hacerlo para poder construir nuevos escenarios, nuevas reglas, nuevos compromisos asumibles y asumidos desde el momento mismo de concebirlos, en los que la igualdad, entre otras la de género, vertebre realmente nuestras apuestas sociales y políticas.