Alumnos con altas capacidades: ¿cuáles son los verdaderos objetivos de la educación?

Ramon Duch y Raúl Tárraga, profesores colaboradores del Máster Universtario Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje.

Este verano, una entrevista de la cadena pública belga RTBF ha generado que durante unos días una notable cantidad de medios de comunicación de diferentes países se hicieran eco de una noticia relativamente inusual en educación. Un niño belga de sólo 8 años (10 antes de lo que se considera habitual) ha finalizado los estudios obligatorios y de Bachillerato y comienza la formación universitaria el curso 2018-2019. La noticia aporta, además, otros datos interesantes: el cociente intelectual del niño es 145, ha cursado gran parte de los estudios de educación primaria y secundaria desde casa y domina los idiomas francés, alemán y neerlandés. Incluso, algunos medios ofrecen diferentes vídeos en los que se observa el niño en un aula con otros estudiantes de edades sensiblemente superiores.

Sin embargo, la noticia sólo menciona de forma superficial una cuestión clave que hay que contemplar cuando analizamos estas situaciones: la existencia de algunos problemas de socialización del niño y de dificultades para compartir intereses con otros niños de su edad.

Cuando se plantea la aceleración de curso para un estudiante con altas capacidades, se debe medir con mucho detenimiento el equilibrio entre los beneficios en aprendizajes curriculares y las repercusiones sobre su ajuste emocional y adaptación social en el contexto escolar. El análisis detenido de estas dos variables (y su interacción), constituyen la clave que debe guiar la respuesta educativa que se ofrece al alumnado con altas capacidades.

Según un informe de la Agencia Europea para las Necesidades Educativas Especiales y la Inclusión, en Bélgica se prevén diferentes medidas para la atención educativa de estos niños: enriquecimiento curricular, aceleración de curso o agrupamiento por capacidades. En el territorio flamenco de Bélgica, incluso existen centros especializados para estudiantes con altas capacidades.

Aceleración versus sociabilización

Sin embargo, parece que en este caso las medidas más conservadoras no se han contemplado y se ha optado por una medida drástica de aceleración de más de un curso de la etapa educativa. Parece que, aparentemente, no se han contrapuesto las repercusiones negativas que pueden incidir en las condiciones personales de un niño que, con 8 o 9 años, compartirá formación universitaria con estudiantes que le doblan la edad. Y este es un aspecto que debería hacer reflexionar a la comunidad educativa y la sociedad: con la pretensión de favorecer la formación de una persona, se tergiversa su desarrollo y sociabilización, al margen de las consecuencias subjetivas que puedan derivarse .

Esta medida tan espectacular –y que ha llamado la atención de medios de comunicación de medio mundo– es altamente arriesgada y, en caso de que finalmente se materialice, deberá ir acompañada de un acompañamiento y tutorización del niño. De lo contrario, puede sufrir las consecuencias de no transitar por las experiencias propias de la infancia, puede ver reducidas las posibilidades de interacción con otros niños y niñas de su edad y puede sentirse desubicado en contextos diseñados para estudiantes adultos. Todos estos riesgos pueden conllevar que la medida de aceleración produzca el efecto contrario de lo que se pretende. Y, lo que sería más grave, generar consecuencias negativas en su ajuste emocional. En este sentido, hay que tener muy presente que la pre adolescencia y la adolescencia son periodos muy frágiles de la vida, en los que se ponen en juego muchos elementos que pueden repercutir en su equilibrio y estabilidad.

Una medida excepcional que reabre el debate

La educación de los niños con altas capacidades en nuestro contexto no está exenta de dificultades. Sin embargo, afortunadamente, una medida tan drástica como ésta sería totalmente excepcional, ya que hay una notable tradición que otorga su importancia en el equilibrio entre aspectos cognitivos y emocionales. En cualquier caso, esta noticia es una buena oportunidad para reabrir el debate sobre los objetivos prioritarios de la educación en la infancia, y para reconocer la importancia de una escolarización normalizada, en la que los niños deben participar de muchas experiencias y construir -se como sujetos, junto con otros niños y en paralelo a su itinerario formativo.