¿Por qué un Día del Orgullo loco?

      No hay comentarios en ¿Por qué un Día del Orgullo loco?

Xavier Cela Bertran, profesor colaborador del Posgrado en Salud Mental Colectiva. y ponente del coloquio Adolescencias: perspectivas y acciones desde la salud mental colectiva que tiene lugar el 18 de septiembre de 2018.

Por primera vez, después de 25 años desde la primera celebración del Mad Pride (1993 en Toronto, Canadá), el 20 de mayo de 2018 se celebró el Día del Orgullo loco en muchas ciudades del estado español (hasta ahora la iniciativa solo había tenido lugar en Asturias). Cuando nos llegó la propuesta a través de las entidades y colectivos convocantes, iniciamos un debate en el club social donde trabajo sobre los motivos de una convocatoria de esta índole. En un momento dado, uno de los compañeros preguntó por qué debería sentir orgullo sobre su locura y su experiencia de sufrimiento mental. Sin pretender dar respuesta a la pregunta, nos interrogamos en grupo sobre por qué locura, por qué orgullo y por qué ahora.  A partir de estos tres interrogantes planteo algunas aportaciones al debate.

Hablar de orgullo es situar el sufrimiento mental fuera de la dimensión individual –dentro de la cual, cada persona construye itinerarios singulares respecto a su experiencia– para situarlo en la esfera colectiva. Esto en sí mismo, es un acto político que pone en suspensión una cultura hegemónica que produce procesos de salud / enfermedad / atención (Menéndez, 1990) que individualizan y están basados en la negación de su carácter estructural. Hablar de orgullo es también reconocer las luchas históricas y actuales por los derechos sociales y políticos de colectivos minorizados. Estas luchas han permitido subvertir el orden establecido para abrir puntos de fuga. Uno de los casos más paradigmáticos cuando pensamos en orgullo, nos remite a los movimientos LGTBI+ y a la teoría ‘queer’, ejemplo claro de cómo la enunciación decidida y repetida de lo considerado abyecto presenta posibilidades en términos de generar transformaciones tanto simbólicas como efectivas. En esta dirección se plantea el Día del Orgullo loco como herramienta que inhabilita el uso discriminatorio del término y habilita la palabra y el debate en torno a ella.

Una palabra polisémica

La palabra locura ha presentado múltiples significados a lo largo de la historia, en función de la intencionalidad de cada uno de sus usos. Desde la genialidad y el enamoramiento romántico, hasta el insulto y la discriminación, pasando por el control, el encierro y la gestión de la desviación de norma (culturalmente establecida). En otros momentos de la historia los encargados de custodiarla han sido jueces y curas con un objetivo moralizante. Sin la desaparición de dicho trasfondo moral (o moralizante) en torno a la salud mental, la realidad actual refleja un proceso de medicalización de la locura que ha construido una forma hegemónica de entenderla como unidad patológica a la que hay que dar una respuesta clínica. Este proceso de medicalización ha necesitado y ha provocado un desplazamiento del concepto para dar lugar a una nomenclatura diversificada y cada vez más nosológica y técnica. A partir de ella, se ha subdivido la locura en grupos de síntomas bajo una multiplicidad de etiquetas diagnósticas creciente. En este escenario, retomar la idea de locura para politizarla y situarla en el espacio público nos permite generar un contexto de posibilidad en el cual todas podamos opinar y pensar la locura.

Como plantean Geekie y Read (2012), “al usar el término locura, la experiencia es arrancada de las garras de una élite formada por un puñado de expertos en esquizofrenia y locura, para pasar a ser mostrada como un aspecto de la condición humana sobre el cual todos podemos opinar, en lugar de como una enfermedad médica con un título oscuro derivado del griego o el latín”. A diferencia de la terminología médica, hablar de locura habilita un espacio desde donde interpretar, contar y discutir fuera el espacio clínico, rompiendo la exclusividad de determinados saberes técnicos.

¿Por qué ahora?

Cuando buscamos información sobres las grandes transformaciones de la psiquiatría aparecen imágenes de la llegada de Pinel y la humanización del tratamiento, el posterior cierre de los manicomios, la antipsiquiatría de Basaglia, Laing y Cooper de los años 60 y 70 del siglo pasado o la reforma psiquiátrica, entre otras. Movimientos que sin duda revolucionaron las formas y dispositivos de atención al sufrimiento mental, pero que han construido un relato histórico, muchas veces reducido a grandes hazañas de hombres, psiquiatras y blancos, situando en la sombra a otros colectivos y sujetos que participaron de estas luchas. Más tarde, en los 80 aparecieron las entidades y asociaciones de familiares que, a pesar de mantener ciertas posiciones ambiguas y algunas cuestionables, se situaron sin duda como actores imprescindibles para la construcción comunitaria y colectiva de la salud mental.

Actualmente nos encontramos con movimientos y colectivos como ‘Hearing Voices’, la Federació Veus, grupos de apoyo mutuo y un largo etc., a partir de los cuales se organizan los autodenominados supervivientes de la psiquiatría, escuchadores de voces y movimientos en primera persona. Sin olvidar que la historia no es lineal y que la lucha política de dichas personas no es algo nuevo, sí que podríamos decir que el orgullo loco es reflejo y consecuencia de la lucha de estos colectivos. Su propuesta supone una mirada política y colectiva del sufrimiento mental y la vulnerabilidad humana que sitúa en el centro la experiencia, los saberes profanos (Menéndez, 1981), Haro (2000) y Urquiza, 2009) y los derechos para construir formas de cuidado, atención y salud acordes.

El primer paso para dar valor a las posibilidades de enunciación, transformación y diálogo que abre la celebración del Día del Orgullo loco en nuestro contexto es entender cómo estas reivindicaciones nos interpelan a todas las personas como sociedad y no solo a las diagnosticadas. Como dice el antropólogo catalán Ignasi Terradas (1992): “La manera como puede llegar a ser tratada una persona en el tiempo y el espacio de una sociedad es la manera reservada para todas las demás”. Y en este caso, es la forma como damos respuesta al sufrimiento psíquico lo que está en juego.