Miquel Selga: “la inclusión beneficia a todo el alumnado porqué responde cada vez más eficazmente a la diversidad”

Miquel Selga

Miquel Selga es profesor colaborador del máster universitario de Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje. Experto en temas de educación inclusiva, participa también en las sesiones del «Dilluns del màster» del máster de Formación de profesorado de educación secundaria obligatoria y bachillerato, formación profesional y enseñanza de idiomas (UPF-UOC). Es coautor del libro Inclusió digital a l’aula, publicado por Editorial UOC. Hablamos con él sobre inclusión en la educación y de los retos que se deben afrontar.

Ahora se habla mucho de «inclusión» en el aula y antes era «integración». ¿En qué se diferencia cada actuación?

La «integración» pone el énfasis en la incorporación y la adaptación de una persona «diferente» a una realidad grupal preexistente (pretendidamente homogénea). En cambio, la «inclusión» en la educación reconoce la diferencia en todas y cada una de las personas y el mismo derecho a pertenecer a un grupo. Pone en valor la heterogeneidad.

Miquel Selga: Para ser coherentes, en esta imagen ya clásica de la inclusión, se deberían pintar todos los puntos de colores diferentes.


Desde el punto de vista educativo / escolar, «integrar» partía de la idea de que «los alumnos especiales» se les permitía ser y, tal vez, participar a ratos en un grupo-clase, pero aprender con un currículum y un entorno diferenciado.

En cambio, «incluir» conlleva un cambio de mirada: todos somos diferentes, aprendemos de maneras diferentes y hacerlo juntos nos enriquece mutuamente. El déficit no está en el individuo sino en el entorno donde hay unas barreras (no siempre físicas) que dificultan el aprendizaje de nuestros alumnos (además de los que nos pensamos!).

Con la inclusión, el docente aún debe afrontar más capacidades particulares y ritmos diversos. ¿Cómo lo ha de gestionar en el conjunto del grupo?

¡Nunca nadie ha dicho que educar sea fácil! Primero, hay que admitir que la diversidad es una realidad dentro y fuera del aula. Y que los intentos homogenizadores no están dando una respuesta adecuada a esta realidad compleja. Precisamente, Pere Pujolàs daba como idea-clave en uno de sus libros sobre aprendizaje cooperativo que «hay que saber gestionar la heterogeneidad del grupo, en vez de ignorarla o reducirla».

Simplificar la concreción del currículo con propuestas de actividades educativas únicas, en fondo y forma, para todos los alumnos del grupo, y luego correr (o hacer correr los «especialistas») a «adaptar» cada propuesta a las diferentes capacidades, ritmos y estilos de aprendizaje es una opción que se ha mostrado con muchas carencias.

Por lo tanto lo que se trata es de diseñar desde el inicio una propuesta educativa suficientemente flexible en cuanto a los objetivos de aprendizaje, los materiales, los métodos y la evaluación para que todos encuentren oportunidades de éxito. Este concepto se conoce como «diseño universal para el aprendizaje».

¿La inclusió beneficia a todo el alumnado?

La inclusión es un proceso, un camino hacia la equidad. Beneficia todo el alumnado porque busca maneras cada vez más eficaces de responder a la diversidad.

Si se diseñan desde el principio las actividades educativas desde el conocimiento de las particularidades, fortalezas y debilidades de todo el alumnado, sin descuidar las más extremas, se promueve un amplio abanico de maneras de lograr competencias y de mostrar lo que cada uno ha aprendid . Y así todo el mundo se beneficia.

Los docentes hemos visto que cuando desarrollamos estrategias para apoyar a un alumno con evidentes dificultades comunicativas se benefician muchos otros (las dificultades de los que nos habían pasado desapercibidas). Aunque por motivos diferentes, la barrera era prácticamente la misma, y del esfuerzo del docente para minimizarla puede sacar provecho todo el grupo, siempre que el soporte lo ponga al alcance de todo el mundo (lo universalice) y que fomente la autonomía de uso para promover que cada alumno autodirigido su aprendizaje. Esto es apostar para la personalización.

Con las nuevas tecnologías, ¿cómo se plantea la inclusión digital en la educación?

Inclusió digital a l'aula

Actualmente educar «ciudadanos» también significa educarlos en el «mundo» digital. La sociedad necesita en todos los campos, también en el digital, que se fomenten los debates éticos. El profesor Cristóbal Cobo habla de la necesidad de una «alfabetización digital crítica».

En cuanto a si la tecnología puede hacer servicio a la inclusión educativa, hay que decir que es una gran aliada, aunque no es su componente principal.

Si los docentes partimos de una mirada capacitadora, con expectativas para todos y cada uno de nuestros alumnos y estamos dispuestos a identificar las barreras que les impiden aprender, ante todo se trata de definir (y compartir con ellos) lo que queremos conseguir. Si el objetivo es claro, la tecnología nos abre un abanico inmenso de herramientas que incrementan las oportunidades de éxito en el aprendizaje de todos. Hay que poner la herramienta al servicio de esta función favorecedora. El criterio es usar algo digital si aumenta posibilidades, si promueve la implicación del alumno en su aprendizaje, si apuesta por la construcción de conocimiento con el alumno como creador no como consumidor de contenidos, si genera interacción social, si flexibiliza maneras de aprender y evaluar lo aprendido… básicamente si ayuda a que el alumno protagonice su propio aprendizaje.

[Recupera el post de educación inclusiva y TIC que publicamos a propósito de la inclusión digital]

El Gobierno español hace poco hizo una declaración de intenciones de convertir los centros de educación especial en impulsores de inclusión en la escuela ordinaria. ¿Es una línea a seguir?

Todavía no he leído cuáles son estas intenciones, pero las que sí conozco son las definidas por el Departamento de Educación en Cataluña. Ya hace tiempo que aquí se apuesta para ir reconvirtiendo los CEE en CEEPSIR, centros proveedores de servicios y recursos para centros ordinarios. Es una línea de trabajo interesante para la concentración de conocimiento y experiencia que han acumulado los profesionales especializados en el centros de educación especial, que con una transferencia adecuada, podría permitir avanzar hacia la inclusión educativa.

La «revolución» en educación sigue siendo la misma que hace muchos años: la personalización del aprendizaje, ¡ahora combinada con el reto de aprender todos juntos!

De momento se plantea la aplicación de programas específicos de apoyo para alumnos determinados (que necesiten estimulación de la comunicación y del lenguaje, habilidades adaptativas, autorregulación emocional…). Estos programas deberían conllevar medidas de atención a los alumnos, pero también un modelado los docentes del centro ordinario y la reflexión en equipo suficiente para irlas incorporando a su propio proyecto educativo.

Esto implica un tiempo de transición y hacer las cosas con mucho cuidado. Hay muchas personas implicadas, las principales: los alumnos y sus familias…, que merecen unas garantías de calidad para dar respuesta a sus necesidades. Pero también los profesionales de los centros, tanto específicos como ordinarios, y los equipos de servicios educativos que los asesoran.

¿Cuáles son los retos de la inclusión en la educación del futuro?

Los retos de la inclusión son los retos de la educación en general. La «revolución» en educación sigue siendo la misma que hace muchos años: la personalización del aprendizaje, ahora combinada con el reto de aprender todos juntos!

La interacción entre iguales, que son «diferentes» por naturaleza, enriquece las posibilidades de aprendizaje y preparar ciudadanos en una sociedad diversa y compleja. Si nos empeñamos en ofrecer un programa único para todo el mundo, o bien, tantos programas como personas, tendiendo a la individualización, no avanzamos hacia una respuesta adecuada para encarar el futuro.

Nuestro reto principal es convertir a todos y cada uno de nuestros alumnos, sean cuales sean sus particularidades individuales, en personas cada vez más autónomas y cada vez más competentes en aprender y en convivir. Esto no es nada banal y hay un esfuerzo importante no sólo desde el ámbito educativo… también del político, y de la sociedad en general…

El debate educativo actual, por intenso, precisará en un futuro inmediato referencias sólidas desde el campo de las Ciencias de la Educación para contrastar las reflexiones que se hacen en redes y comunidades.

Aquí puedes veure a Miquel Selga en la última sesión del «Dilluns del màster»:

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