Las torturas mentales de la CIA, la otra cara de la psicología

Desde los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación os recomendamos la novela de Gordon Thomas Journey into Madness, una narración sobre el uso de la psicología como control mental y mecanismo de tortura por parte de agencias gubernamentales como la Agencia Central de Inteligencia norteamericana.

¿Qué funciones desarrolla el psicólogo dentro de los servicios de Inteligencia gubernamentales? Los experimentos e investigaciones llevados a cabo en este campo, ¿han puesto en riesgo la salud de los pacientes? ¿Existe alguna relación entre la ruptura con el código ético y los avances científicos en el campo de la psicología conductista y la psiquiatría?

La obsesión de la CIA por conseguir controlar la mente humana

Entre los diferentes roles que pueden desarrollar los profesionales de la psicología, quizá es menos conocido su trabajo como asesor en los servicios de espionaje e inteligencia. Es precisamente esta faceta menos amable del psicólogo de la cual nos habla el libro Journey Into Madness: The True Story of Secret CIA Mind Control and Medical Abuse (Gordon Thomas, 1989), que recomienda Antoni Baena, profesor del grado de Psicología de la UOC y de los Estudios de Ciencias de la Salud. La obra da luz a una parte oscura en la historia de la psicología, revelando como la Agencia Central de Inteligencia norteamericana -la CIA– reclutó a diferentes profesionales de la psicología, la psiquiatría y la medicina para trabajar en sus proyectos secretos de control mental y tortura. Tal y como apunta Baena “organizaron grupos de investigación con tal de hacerse servir del método científico y los conocimientos médicos, psiquiátricos, psicológicos y farmacológicos del momento para tratar de controlar la conducta o la mente”.

“Al menos una parte del conocimiento actual en psicología, neurología y psiquiatría se ha construido torturando”

El periodista británico Gordon Thomas publicó en 1989, el libro Las torturas mentales de la CIA como denuncia contra los terribles actos atribuidos a la CIA, que durante muchos años actuó con impunidad, elaborando hasta dos manuales secretos de tortura (Coercive Questioning, Human Resource Exploitation Training Manual, 1989). Las víctimas, que podían ser personas con historial criminal, personas con problemas mentales o voluntarios que participaban engañados en estos experimentos, fueron torturadas y manipuladas con la ayuda de profesionales de la psicología que pusieron en entredicho el código ético elaborando métodos de tortura psicológica y física como el lavado de cerebro, el control mental o el aislamiento, con el objetivo de anular las defensas mentales de la persona y obtener información supuestamente vital para la seguridad del gobierno y la ciudadanía. “Al menos una parte del conocimiento actual en psicología, neurología, psiquiatría… se ha obtenido torturando”, explica Baena haciendo referencia a estas formas de investigación tan poco ortodoxas y nada éticas que recoge la novela. “De hecho, lo que más impresiona del libro y fue lo que me animó a leerlo, es que todo el proyecto MKUltra –programa de control mental que utilizó la CIA–, está documentado: la CIA perfeccionó las torturas gracias a profesionales de la salud mental (psicoanalistas, conductistas y psiquiatras) y universidades de prestigio, camufladas como investigaciones ordinarias con financiación importante, pero sin ningún tipo de control o límite ético”.

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Uno de los experimentos de la CIA de tortura y control mental

Prestigiosas asociaciones de Psicología como la American Psychiatric Association, la American Psychological Association y organizaciones como las Naciones Unidas se afanaron en condenar este tipo de prácticas e incluso prohibir al personal médico y de la salud mental participar en este tipo de actividades en un primer momento. Pero la realidad es que la tortura ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad y como el propio Baena apunta todavía hoy puede continuar vigente “la antítesis del corriente actual de transparencia, ética, open y responsabilidad en la investigación que se pide ahora, no sé si deriva de una causa-efecto. Aunque, este tipo de actividades continúan pasando seguro”.

El libro trata las iniciativas que desarrolló la CIA con el propósito de analizar las conductas criminales lo más objectivamente y científicamente posible, con estadísticas, pruebas, análisis funcionales de la conducta, estados mentales…

El libro de Thomas recoge una parte interesante de la historia de la Psicología y Psiquiatría actuales: al mismo tiempo que se deshumanizaban estas disciplinas incumpliendo su principal propósito, la ciencia avanzaba en las especialidades de psicología cognitiva y conductista aportando una información notable de los comportamientos de diferentes sujetos en situaciones límite. Estos experimentos, de una manera macabra, responden a la cuestión hasta entonces eterna sobre cómo una persona puede responder ante el miedo irracional en una situación de vulnerabilidad y su grado de resistencia. “Los tratamientos voluntarios y la coacción no se podían diferenciar: repetición de señales verbales y acústicas durante horas y días, cambios de conducta, cambios fisiológicos, electroshocks, actividades cerebrales específicas, privación de sonido o la estimulación cerebral eléctrica de ciertas zonas corticales”, enumera Baena sobre algunos de los diferentes tipos de tortura cometidos por la agencia Central de Inteligencia norteamericana.

El hecho que muchos de estos estudios e investigaciones fueran publicados por la Asociación norteamericana de Psicología (APA) representa para los profesionales de la salud y salud mental una valiosa oportunidad para reflexionar sobre los límites que no se deben cruzar en el ejercicio de su profesión y las consecuencias que han tenido que afrontar las personas que participaron en este tipo de experimentos.

Los experimentos de la CIA: una historia real de horror

La investigación que realizó Thomas en su libro puso en evidencia los métodos que la CIA utilizó para llevar a cabo estos experimentos, escogiendo grupos de investigación de psicología, psiquiatría y medicina y como sujetos a personas invisibles para la sociedad. Baena cuestiona estos hechos “¿qué mejor que utilizar a personas con trastornos mentales ingresadas, en un momento en el que los consentimientos informados y los derechos de los pacientes tampoco se tenían en cuenta? Una orden médica te podía dejar ingresado durante mucho tiempo”. Este fue el caso de Theodore John Kaczynski, también conocido como Unabomber (University and Airline Bomber), que participó en los experimentos MKUltra cuando era estudiante en la Universidad. Kaczynski, en su etapa adulta, desvinculado de la universidad, de estos experimentos y aislado del mundo en una cabaña de Montana (Estados Unidos), fabricó cartas bomba que enviaba a diferentes universidades, empresarios y aeropuertos como protesta por la falta de responsabilidad y de medidas contra el cambio climático. De alguna manera culpaba a los gobernantes, universidades y a la sociedad norteamericana de estar acabando con el planeta con su conducta. Sobre este caso tan célebre, del cual se han hecho documentales y series de televisión, algunos expertos han señalado como un posible factor influyente en el desarrollo del trastorno psicológico que sufrió Kaczynski su participación en los experimentos secretos de la CIA.

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‘Stranger Things’ recrea los experimentos del programa MKUltra

Los experimentos de control mental, que la Inteligencia norteamericana desarrolló durante la década de los años 50 hasta los años 70 con el nombre de MKUltra, continúa fascinando y escandalizando a la sociedad, a los profesionales de la salud mental y a diferentes sectores como el cine y la televisión. Este es el caso de la famosa serie paranormal de Netflix, Stranger things, que haciéndose eco de estos hechos elaboró una trama vinculada a los experimentos por el control de la mente en el Laboratorio Hawkings, donde el Doctor Martin Brenner, el cerebro que hay detrás del proyecto MKUltra, experimenta con la madre de unos de los personajes principales, Eleven, cuando está embarazada. El arco de este misterioso personaje adolescente está muy arraigado a este proyecto secreto e ilegal de control mental. Las torturas que tienen lugar en la ficción están basadas en las mismas que la CIA llevó a cabo con impunidad durante más de veinte años.