El cohousing sénior en España y los nuevos profesionales de la intervención social

Projecte Trabensol
Proyecto Trabensol

Daniel López, Doctor en Psicología Social, profesor de los Estudios de Psicología y Educación de la UOC e investigador del grupo CareNet de l’IN3

El cohousing se ha convertido en una posibilidad firme de vivir la vejez diferente de las que había hasta ahora: en el propio domicilio o con familiares, en pisos con servicios o tutelados o en residencias geriátricas. Pero las cooperativas de personas mayores no sólo se estructuran alrededor de un diseño arquitectónico acorde en comodidad y practicidad a sus necesidades presentes y futuras, también responden a las diferentes características y motivaciones de los grupos, sus motivaciones y dinámicas, así como las maneras que tienen de organizar y gestionar la convivencia y los cuidados, y es en todos estos aspectos donde hay que determinar el papel de nuevos profesionales de la intervención social.

El surgimiento de las cooperativas de personas mayores

En el año 2000 se inauguró la primera cooperativa de personas mayores, el Residencial Santa Clara, construida en Málaga por parte de un grupo de vecinos y amigos de una parroquia de barrio. Encabezado por una profesora que trabajó como voluntaria en los antiguos asilos y que había tenido que cuidar a su madre en casa, constituyeron una cooperativa a partir los ahorros que tenían y las aportaciones que hicieron periódicamente los socios. Primero, compraron un terreno, y luego construyeron un edificio con apartamentos y muchos espacios comunes para actividades de todo tipo. A diferencia de muchas cooperativas de vivienda, una vez la construcción del edificio se terminó la cooperativa no se disolvió, sino que mantuvo la propiedad del edificio, su gestión y la de todos los servicios que los cooperativistas necessitesin hasta el final de la vida, incluyendo la atención a la dependencia. La cooperativa se convirtió en el instrumento que tenía este grupo para envejecer como ellos querían, por «autogestionar su futuro».

En 2013, después de una larga carrera de obstáculos, entre los que había principalmente la burbuja inmobiliaria, se construyeron cuatro proyectos más: Servimayor, La Muralleta, Profuturo y Trabensol. Los cuatro muy diferentes pero con una misma idea: construir un centro para autogestionar la propia vejez. Alentados por la inauguración de Santa Clara, estos grupos decidieron llevar a cabo una idea que muchos de ellos tenían pero que hasta entonces creían demasiado irreal. Los cuatro proyectos acabaron concretándose con formas diferentes, algunos incluso convirtiéndose centros geriátricos en forma de cooperativa autogestionada. Respondían a una misma insatisfacción, que de hecho es generacional y que va más allá del cohousing: no quieren «depender» de sus hijos ni quedarse aislados en su propia casa o en una residencia, quieren continuando siendo autónomos y decidiendo sobre la su propia vida.

El cohousing sénior, una vía en crecimiento

Raíz de la construcción de estos proyectos, y muy especialmente de la repercusión que tuvo uno de ellos, Trabensol, la cantidad de grupos que están impulsando proyectos similares se ha multiplicado exponencialmente. En 2015, contabilizamos más de diez proyectos construidos y más de cuarenta en diferentes fases de desarrollo. Además, la diversidad de perfiles de personas interesadas también se ha multiplicado (LGTBI, diversidad funcional, etc), pero todas tienen en común la búsqueda de una forma de vivir la vejez en colectivo y alternativa al modelo familiar y residencial-institucional.

El proyecto MOVICOMA

El hecho de que estos cohousings sénior siguiendo iniciativas impulsadas por los mismos residentes, que están orientadas a resolver, de manera autogestionada y comunitaria, algunos de los retos sociales, materiales y existenciales de la vejez, me fascinó. En ese momento estábamos trabajando en un proyecto sobre iniciativas de promoción de la vida independiente (Expd) y pensé que éste era un caso de estudio perfecto ya que la vida independiente como lucha para decidir sobre la propia vida tenía mucho arraigo en el campo de la discapacidad física, pero hasta ahora se había visto muy poco en el campo de la vejez.

proyecto MOVICOMA
Proyecto MOVICOMA

El ideario del movimiento de vida independiente resonaba en el surgimiento de este tipo de iniciativas. El ‘autogestiona tu futuro’ de Santa Clara, tenía algo del motto de «Nada sobre nosotros sin nosotros«. Estas cooperativas, a diferencia de otros dispositivos diseñados para favorecer una vejez con más autonomía, como la teleasistencia domiciliaria o centros residenciales más abiertos y «Homely», parecían cuestionar el principio de autoridad de los expertos. No son los profesionales o los hijos los que deciden qué nos conviene, como hemos de vivir, sino nosotros mismos. A diferencia de lo que ocurre con el mercado de las innovaciones para hacer frente al envejecimiento poblacional, en este caso, las innovaciones no eran soluciones pensadas para otros sino que eran las propias personas las que desarrollaban sus propias soluciones. No sólo eso, sino que en la configuración de estas iniciativas, la propia vejez y los problemas que le son propios se redefinen.

En 2015 conseguí una de las becas Leonardo de la Fundación BBVA. Gracias a la financiación de la beca iniciamos el primer estudio del movimiento de vivienda colaborativo de personas mayores en todo el estado, el proyecto MOVICOMA , donde aparte de mí mismo como investigador principal, participan los investigadores de CareNet, Mariona Estrada y Lluvi Farré y los profesors de los Estudios de Psicología y Educación Julio Meneses y Sergi Fàbregas. El proyecto sigue vivo gracias a la investigación predoctoral que está realizando Lluvi Farré Montalà, donde aparte de estudiar algunos de estos proyectos está analizando las transformaciones que ello conlleva en el campo residencial y de servicios para las personas mayores.

Identificar los cohousing sénior y ver sus efectos

Los objetivos del proyecto MOVICOMA son, por un lado, conocer qué proyectos hay, qué características tienen, cuáles son las motivaciones y las características de las personas que forman parte; también queremos conocer la génesis de los proyectos y cómo se han desarrollado para identificar los factores desencadenantes, y los que favorecieron y obstaculizar su desarrollo. El último objetivo era explorar qué efectos tiene formar parte de estas cooperativas, y vivir la vez que participar en su desarrollo.

Entre el 2015 y en 2017 hicimos un análisis de la bibliografía científica sobre el fenómeno del cohousing de las personas mayores, y también de informes y de reportajes y noticias en los medios de comunicación. Aparte del trabajo más de archivo, hicimos 14 encuestas a los grupos motores de los proyectos y 150 encuestas individuales, entrevistas en profundidad a representantes de los grupos motores de 7 proyectos en construcción y de 5 proyectos ya construidos y en funcionamiento. En estos 5 proyectos llevamos a cabo observaciones y en 3 de ellos, un trabajo más intensivo para captar la vida cotidiana de algunos de sus residentes. En estos proyectos, además de las observaciones y las entrevistas en profundidad, 4 residentes de cada cooperativa elaboraron mapas narrativos y diarios fotográficos, en total 12. Se hizo un retorno de los resultados preliminares en una jornada donde se invitó a la mayoría de grupos participantes de toda España.

La jornada sirvió también para generar redes de colaboración y para compartir conocimientos entre los grupos, un elemento fundamental ya que los proyectos dependen mucho de los conocimientos y capacidades de los grupos, no sólo porque los grupos no quieren tutelas, sino porque son, de hecho, experimentos sociales.

Algunas características del movimiento de cohousing sénior

El estudio nos ha permitido constatar que estos proyectos no encajan en las normativas vigentes. Hasta hace poco, la administración las consideraba como residencias y no existía ningún tipo de entidad que apoyara estos grupos sobre cómo llevar a buen término estos proyectos. A raíz de la construcción de Trabensol, el año 2013, esto ha empezado a cambiar. Hoy en día ya hay fuerzas empresas que se dedican a acompañar y asesorar a los grupos e incluso promover procesos participativos en algunos ayuntamiento para crear (por ejemplo, jubilado, ecoHousing, perviven, Sostre Cívic). Ahora bien, también hemos visto que difícilmente dejarán de ser proyectos «experimentales». Este es un poco su ADN. Incluso en Dinamarca, considerado la cuna de este tipo de iniciativas, se les considera así (* Pedersen, Max- 2015). Esto es así porque son procesos largos y complejos, donde hay mucho de ensayo-error y exploración personal y colectiva, y donde el resultado es incierto y difícil de establecer de entrada. Grupos pequeños que inicialmente querían tener una serie de espacios y servicios compartidos en su ciudad han acabado construyendo equipamientos para más de 70 personas en un pueblecito. personas que habían puesto en el centro de su proyecto la convivencia y el desarrollo de proyectos sociales con su entorno, han tenido que repensar su arquitectura y enfoque para acomodar los servicios asistenciales, y a la inversa, los proyectos orientados fundamentalmente a compartir y gestionar estos servicios han tenido que cambiar de estrategia para convertir la vivienda en un espacio de vida en común y no sólo asistencial. Por este motivo, estos proyectos suelen romper con los modelos que han creado los expertos para distinguirlos de otras viviendas y equipamientos. La frontera entre lo que es y no es cohabitatge siempre es algo que se renegocia en estos procesos.

Las conclusiones de MOVICOMA

De hecho, una de las principales conclusiones de este estudio es que el cohousing sénior es más bien un síntoma de un cambio social importante en la manera de entender y vivir la vejez y las relaciones de cuidado, al tiempo que también es el expresión de una insatisfacción con las instituciones que han estructurado la vejez hasta ahora, la jubilación y los espacios de socialización y de cuidado en la vejez: la familia, la hogares de ancianos, las residencias. El cohousing no es un modelo, es la exploración y creación de alternativas de vida para la gente mayor que viene.

Trabensol
Clases de chi kung en el cohousing Trabensol de Madrid

Por esta razón, cuando estudias qué tipo de vivienda visualizan muchos de estos grupos interesados en el cohousing, la diversidad es enorme. Algunas personas proyectan su vejez viviendo en una especie de pueblo donde la gente se ayuda y comparte, pero donde también hay personas en otras fases de la vida; otros se ven en un equipamiento con todos los servicios asistenciales pero con capacidad para decidir cómo vivir, con quien, como ser cuidado, y con total libertad para ir y salir. En otros casos se ven en una casa o piso grande donde compartir la vida con personas que tienen cosas en común, ya sean grandes (recreando el caserio pero sin vínculos filiales), o incluso continuando viviendo en el mismo lugar pero instituyendo relaciones de ayuda recíproca y mutualizar los servicios que necesiten. La creación de modelos son una parte de este proceso pero el proceso difícilmente puede subsumirse en un mismo tipo de modelo.

Evidentemente, el planteamiento tiene mucho que ver con las condiciones sociales y económicas de estos grupos. La gran mayoría de grupos encuestados en 2016 estaban formados por personas entre 65 y 75 años de edad, tenían un nivel formativo alto en relación a la media y con unas trayectorias profesionales largas y consolidadas en el campo educativo, social y en profesiones liberales , por lo que tienen ingresos medios y altos. Además, se trata de personas implicadas en la vida asociativa y la acción social. Por tanto, no sólo tienen el capital económico para construir una vivienda «diferente» para la vejez, sino que disponen también de un capital social, político y cultural que les permite hacerlo de manera autogestionada y colectivamente, es decir, sin tutelas del estado o de los hijos. Vivir la vejez con autonomía es la principal motivación expresada por los encuestados. Una motivación que es el resultado de un cambio en las relaciones familiares.

Es la primera generación de los divorcios y los anticonceptivos, del acceso de las mujeres al mercado de trabajo salarizado y por tanto de su autonomía económica. Es una generación que se identifica con la conquista de la libertad de elección sobre muchos de los procesos vitales que antes se vivían como parte de una inercia. Por esta razón, cuando esta generación envejece lo hace en los mismos términos: como algo uno debe decidir cómo quiere que sea, y no como algo que se puede dejar en manos de la familia o de la administración. Por esta razón podemos decir que el cohabitatge es un fenómeno propio de los baby boomers y muy característico de las clases medias.

Acompañamiento de proyectos de cohousing para personas mayores: ¿un nuevo campo para la intervención social?

Hasta hace muy poco, estos proyectos sólo podían ser una alternativa para personas con un perfil socioeconómico como el que hemos comentado y que además tenga una trayectoria conjunta a nivel asociativo. Pero el aumento de su popularidad, el surgimiento de entidades que apoyan a los grupos y el interés creciente de la administración, que también busca alternativas adecuadas a la realidad de sociedades cada vez más envejecidas, está haciendo que la demanda y el perfil de personas interesadas en el cohousing sénior sea cada vez mayor y más diversa.

Esto está haciendo que este campo demande, cada vez más, un nuevo profesional de la intervención social. Pensamos que es así por el tipo de conocimientos y competencias que se ponen en juego. La gestión y dinamización de estos grupos es un elemento central que requiere de un conocimiento importante de diferentes procesos psicosociales. Asimismo, son claves las competencias de mediación y resolución de conflictos. Pero también hay un conocimiento importante de los procesos participativos en tareas de diseño y de innovación social, al tiempo que de desarrollo comunitario. Las competencias más técnicas de gestión de proyectos, de documentación de procesos y de secretaría son el mejor apoyo para los grupos. De hecho, eso es lo que hacen muchos de los facilitadores que ya trabajan, pero teniendo en cuenta que estamos hablado de proyectos que tienen mucho que ver con la vejez, una fase del ciclo vital que tiene su idisioncrasia, y que está cultural, social y materialmente definida de maneras muy diferentes en función de parámetros como la clase y el género, los conocimientos en materia de gerontología social son fundamentales. Del mismo modo que tener una idea muy clara de los servicios sociales y de las políticas públicas en materia de atención a la gente mayor.

Todo esto empieza a ser necesario porque hay que ofrecer un asesoramiento a los grupos que vaya más allá de la promoción y la construcción de vivienda, el elemento que ha aglutinado buena parte de la atención e interés por cohabitatge pero que en muchos casos no es el aspecto más importante. Muchas de las entidades que acompañan proyectos de cohousing, aunque su trabajo es en gran medida facilitar procesos grupales y la toma de decisión compartida, lo hacen siempre en el marco de un proyecto arquitectónico que estructura tanto los tempos como el rumbo de la toma de decisiones.

Cohousing Puerto de la Luz
Cohousing Puerto de la Luz

Gracias al proyecto MOVICOMA, lo que hemos visto hasta ahora es que hay procesos importantísimos que están poco tratados: el cambio de rol de los profesionales que trabajan, la distribución de los cuidados y su desequilibrio por razones de edad, género y clase social, el enfrentamiento de las discapacidades sobrevenidas, de la muerte y del duelo, las voluntades anticipadas, el cambio de los roles familiares y el papel de los hijos, la gestión de la diversidad por parte de los «iguales» y de los profesionales, y la dinamización de las relaciones con el entorno…

A medida que la exploración de alternativas de vida para la vejez se extienda, estos temas serán cada vez más importantes, y su tratamiento demandará de otro tipo de profesionales.

*Pedersen, Max. (2015). Senior Co-Housing Communities in Denmark. Journal of Housing For the Elderly. 29. 126-145. 10.1080/02763893.2015.989770.