Maria José Rodríguez Jaume: «Integrar la perspectiva de género en la universidad permite identificar las discriminaciones y combatirlas»

 Maria José Rodríguez Jaume

Entrevista a Maria José Rodríguez Jaume, Vicerrectora de Responsabilidad Social, Inclusión e Igualdad y Directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad de Alicante

Perspectiva de género en la evaluación de la calidad universitaria: un reto (no) resuelto? es la cuestión sobre la que reflexiona, el 30 de octubre, la Jornada del máster universitario de Evaluación y gestión de la calidad en la Educación Superior (UOC-AQU). Con este encuentro se quiere debatir y poner sobre la mesa cuáles son los elementos necesarios para poder incluir la perspectiva de género en la docencia universitaria y como garantizar su incorporación a través de la gestión y la evaluación de la calidad. Con motivo de la jornada, entrevistamos a Maria José Rodríguez Jaume, Vicerrectora de Responsabilidad Social, Inclusión e Igualdad y Directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad de Alicante, que participa en la mesa redonda Género y calidad educativa: ensanchando la mirada desde las reflexiones y prácticas de los feminismos.

Aunque seguramente es difícil de resumir ¿qué significa y qué abarca la perspectiva de género?

La perspectiva de género es un marco teórico y conceptual que contribuye a impulsar y desarrollar la igualdad de género (igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades entre mujeres y hombres, niñas y niños), un principio jurídico universal reconocido tanto en diversos textos internacional sobre derechos humanos como en nuestro ordenamiento jurídico (nacional y autonómico).

En la práctica, la perspectiva de género permite: 1) visibilizar la condición y posición de las mujeres con respecto a los hombres (separando las diferencias sexuales -sexo- de las construcciones sociales -género-); 2) identificar los factores de desigualdad en los distintos ámbitos (tomando en consideración las similitudes y diferencias en las experiencias, intereses, expectativas, actitudes y comportamientos de las mujeres y hombres) así como sus causas e impacto en las mujeres, los hombres, el ámbito en cuestión y la sociedad en general; 3) planificar acciones para modificar los elementos que mantienen las desigualdades así como las relaciones asimétricas entre mujeres y hombres, esto es, para alcanzar la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. 

La perspectiva de género permite reflexionar de forma crítica sobre las desigualdades persistentes y (re)construidas entre mujeres y hombres, también en entornos universitarios.

Y, concretamente, en la universidad, ¿qué significa integrar la perspectiva de género?

Integrar la perspectiva de género en entornos universitarios implica adoptar este enfoque de forma transversal o integral. Este enfoque se diferencia del enfoque  explícito o interdisciplinario en que el género formar parte integral de la práctica educativa, y permite identificar y reconocer las discriminaciones que por razón de género persisten en las universidades 

La perspectiva de género en las universidades permitiría suprimir sesgos de género, tanto en la educación superior universitaria como en la investigación, formación y transferencia.

Las universidades, a diferencia de la mayoría de entornos de trabajo, están conformadas por tres colectivos con realidades, necesidades y expectativas muy dispares: mujeres y hombres entre el personal de administración y servicios, entre el personal docente e investigador y entre el alumnado. Adicionalmente, los ámbitos en los que desarrollan su actividad (investigación, docencia y transferencia de conocimiento ) asumen elementos singulares. Las desigualdades entre mujeres y hombres y sus factores explicativos en cada uno de los colectivos y de los ámbitos señalados asumen elementos y características propias que requieren implicación, compromiso, conocimiento experto y experiencias en la gestión de políticas de igualdad en los entornos universitarios. 

El desarrollo de la perspectiva de género en las universidades permitiría identificar, corregir y suprimir posibles sesgos de género, tanto en los ámbitos en los que dibujan el sistema de educación superior universitaria (universidades, facultades, departamentos y profesorado), como en los procesos en torno a los que diseñamos e implementamos los procesos de investigación, formación y transferencia.

¿Crees que la comunidad universitaria entiende el concepto y el alcance que puede llegar a tener?

En general, conceptos como igualdad de género, perspectiva-transversalización de género, y políticas de igualdad de oportunidades universitarias entre mujeres y hombres no son entendidas y, en consecuencia, no se valora su impacto y alcance. Desde mi experiencia, es frecuente que ‘género’ se asocie a ‘mujer’ y/o a ‘sexo’ cuando debería ser contemplado como un concepto desde el que analizar y explicar las desigualdades entre mujeres y hombres. Asimismo, el ingreso de las mujeres en los estudios de educación superior, siendo éstas las más presentes actualmente en las aulas universitarias, ha podido contribuir al imaginario social de que la igualdad entre mujeres y hombres es un fin alcanzado. Si bien la mayor representación de las mujeres en las universidades es hoy una realidad, de ésta no se puede inferir que sean más reconocidas. 

¿Actualmente, hasta qué punto se está introduciendo en nuestros programas educativos y planes académicos la perspectiva de género? 

De los ámbitos en los que se desarrolla la actividad universitaria, gestión de recursos humanos, investigación-transferencia y formación, es el último en el que más tarde se ha incorporado la perspectiva de género de forma transversal. Sin lugar a dudas, los pasos que en este sentido ha dado la AQU (Agencia Catalana de Calidad) -que ya cuenta con un sistema de indicadores con los que valorar la inclusión de la perspectiva de género en los planes de estudios-, así como las propuestas recogidas en la colección “Guias para la inclusión de la perspectiva de género en los estudios de grado en … (Arquitectura, Matemáticas, Física, Historia, Ciencias de la Computación, Medicina,…), editadas y publicadas por la Xarxa Vives d’Universitats, contribuirán no solo al desarrollo de una formación universitaria sin sesgos de género, sino a la formación de personas comprometidos con la igualdad.

Incluir la perspectiva de género en la formación universitaria implica identificar los sesgos de género en cada uno de los elementos en torno a los cuales diseñamos nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje, algunos explícitos en nuestras guías docentes (competencias, objetivos, resultados de aprendizaje, contenidos, metodologías docentes, referencias bibliográficas y sistema de evaluación), y otros implícitos (recursos docentes, comunicación y metodologías de interacción en el aula). 

En la definición del espacio europeo de educación superior, la profesionalización de la formación universitaria a través de la adquisición de competencias ha adquirido un papel central. Desde una perspectiva de género, cabe plantearse si ésta queda sesgada. ¿Nuestro alumnado conoce (y reconoce) las actitudes y comportamientos que en su entorno profesional aparecen atravesados por el género?, ¿conoce (y reconoce) su ámbito profesional desde la óptica de las relaciones de género?  La adquisición de estas competencias es relevante desde la óptica de una formación integral. 

¿Qué nos muestran los indicadores de género actuales en el ámbito académico y qué deberían poder mostrar?

Desde hace más de una década las universidades españolas cuentan con informes diagnósticos que dibujan una situación similar y que han permitido visibilizar e identificar sus desigualdades, asimetrías y sesgos de género. A grandes trazos, la fotografía muestra escasa presencia de académicas en cargos de dirección y representación. Así como su infra representación en las categorías profesionales más elevadas, estudios masculinizados y feminizados, y desarrollo de carreras profesionales entre el personal docente e investigador que transcurren en paralelo para las académicas y académicos, a distintos ritmos y en donde la maternidad impacta de forma decisiva entre las primeras precisamente en los años en los que se inicia la carrera científica. A pesar de esta realidad, la implementación de planes de igualdad entre mujeres y hombres en las universidades ha contribuido a reducir las brechas de género, demostrando que el desarrollo de políticas de igualdad impactan de forma directa en la realidad descrita. 

¿Cuáles crees que son los principales retos que nos hemos de plantear en la universidad en relación a este tema?

Actualmente ya contamos con un marco extenso de evidencias empíricas, análisis teórico y conocimiento experto que constatan la desigualdad situación de mujeres y hombres en entornos universitarios. A su vez, disponemos de una marco jurídico que insta a las universidades a introducir medidas con las que reducir las brechas de género así como a generar contextos de estudio, de trabajo y de investigación que garanticen la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Este contexto incita a no posponer los cambios estructurales en esta materia desde un enfoque integrador. Estos cambios deberían ir dirigidos a una lectura de las distintas normativas que rigen la vida universitaria con un enfoque de género. Normativas y procesos como el de acreditación del profesorado así como de los estudios universitarios y, entre otras, normativas y procesos que evalúan los sexenios o productividad científica pero, también, los sistemas de evaluación que las universidades implementan entre su profesorado. El reto, desde mi punto de vista, es no posponer los cambios estructurales.

Y, concretamente, en cuanto a la evaluación de la calidad de nuestra docencia e investigación, ¿cuáles son los retos?

Múltiples disciplinas, los estudios de género así como la investigación con perspectiva de género, han contribuido a las rupturas epistemológicas más importantes que se han vivido en las últimas décadas: la ruptura con la identificación sexo/género, la ruptura con el binarismo de género, la ruptura con la dualidad sexual y la ruptura con la heteronormatividad. Asimismo, desde la epistemología feminista se vienen cuestionando los postulados positivistas de la ciencia: neutralidad, objetividad, racionalidad y universalidad. Estos hallazgos han permitido, en primer lugar, identificar sesgos de género en la investigación y, en segundo lugar, estimular respuestas, de todo orden, que permiten avanzar en procesos de igualdad efectiva al tiempo que ofrecen soluciones más adecuadas a la vida y experiencia de mujeres y hombres. Si la docencia universitaria se sustenta, entre otros, en la investigación que se realiza en nuestros laboratorios, despachos, bibliotecas,… y si esta incrementa su calidad cuando elude los sesgos, entre otros, de género, el sistema universitario deberá incluir indicadores de género que permitan evaluar la calidad en la investigación y docencia universitaria. Con ello, no solo se incrementará la  calidad científica y formativa, sino que contribuiremos con nuestro quehacer a la consecución de una sociedad más justa e igualitaria.

Más información e inscripción sobre la jornada Perspectiva de género en la evaluación de la calidad universitaria: un reto (no) resuelto? del máster universitario de Evaluación y gestión de la calidad en la Educación Superior(UOC-AQU) en este enlace.