La gestión del aula: estrategias ante los comportamientos disruptivos

Paola ferrando
Paola Ferrando

Paola Ferrando, premio al mejor TFM 2018-2019 del Máster universitario de Formación de Profesorado de Educación Sec. Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas (UPF-UOC), especialidad Formación Orientación Laboral, por Gestió de l’aula: Estratègies claus per al canvi.

Como trabajadora social y educadora ya había tenido ocasión de trabajar con adolescentes. Se puede decir que ya sabía lo que eran las conductas disruptivas aunque no recuerdo llamarlas así. De mi experiencia en un centro de reeducación de menores concluí que no tenía herramientas para desarrollar la tarea que se me pedía desde la fundación privada que lo gestionaba bajo un modelo conductista y punitivo. Cerré este capítulo profesional y han pasado más de diez años en los que he desarrollado tareas diversas en el ámbito social y fuera de este antes de plantearme ser profesora.

En julio de 2017 fui seleccionada como participante del programa de innovación educativa de la Fundación Empieza Por Educar (EXE) mediante el cual he cursado el máster de Profesorado de secundaria en el marco de un proyecto piloto de residencia docente por el que los participantes de este programa realizamos dos años de prácticas en centros educativos de alta complejidad.

La compleja gestión de aula

El inicio de mi prácticum lo definiría como caótico. Durante la fase de observación, lo que veía era que el alumnado no paraba de hablar y de interrumpir el profesorado y que la mayor parte del profesorado tenía problemas para gestionar su aula. Yo, evidentemente, también los tenía. A pesar de las herramientas iniciales que había aprendido en las formaciones de EXE, no me salía; sabía la teoría, pero la práctica era definitivamente otra cosa. Cuando empecé a tener un rol más activo dentro del aula, haciendo codocència o desdoblamientos de aula, empecé a sufrir, a ver como mi alumnado no progresaba ni aprendía. Llevaba preparadas clases que, desde mi punto de vista, eran interesantes y estimulantes. El 95% de las veces, ni siquiera podía empezarlas. Me sentía una auténtica inexperta y un poco impostora, pero también sabía que no era la única persona con estos problemas de gestión de aula. En el centro de prácticas los conflictos personales entre alumnos y con el profesorado eran frecuentes y las conductas disruptivas no permitían dar el temario, con lo cual iban pasando los meses y, a grandes rasgos, no había una mejora académica.

Mucho antes de iniciar formalmente la asignatura del TFM del máster del profesorado, ya había decidido que lo haría sobre la gestión del aula. Necesitaba comprender cómo poner en práctica toda la teoría de la que oía hablar a las formaciones de EXE y sobre la que leía por mi cuenta y que, desgraciadamente, en el máster del profesorado no recibía suficiente atención como creo que merece. Me costó mucho tiempo entender que, tal vez, lo más importante no era que mi alumnado supiera o no conjugar el verbo to be. Este razonamiento encaja perfectamente con la bibliografía consultada en la que se defiende que los sistemas educativos deben garantizar el aprovechamiento de la etapa educativa así como el logro de conocimientos, competencias, habilidades y valores necesarios para ser un ciudadano del siglo XXI.

Fue indispensable empezar a entender el porqué de los comportamientos disruptivos para dejar de culpabilizar al alumnado como el causante de todos los problemas presentes en el aula, reflexión que me llevó a cuestionarme cuál es el rol del profesorado que necesariamente va más allá de la transmisión de conocimientos, pese a que veces no lo parezca. Todo centro educativo debería tener muy presente su función de transmisión de valores y por tanto, la necesidad de ofrecer un espacio de respeto y convivencia en donde, además, haya procesos de aprendizaje. Con el fin de abarcar la multifactorialidad los comportamientos disruptivos y entender su complejidad también traté de describir los diferentes elementos presentes dentro de un aula como las relaciones interpersonales, los factores motivacionales y emocionales, y las medidas y sanciones.

Investigando las causas de las conductas disruptivas

La propuesta metodológica Investigación-Acción me permitió iniciar un proceso que va desde la actividad reflexiva a la actividad transformadora de la realidad educativa, ya que tuve la oportunidad de abordar las problemáticas presentes en el aula, a las que además, he tratado de dar respuesta desde una mirada reflexiva y crítica promoviendo la transformación de la práctica docente desde dentro. El proceso de acción-reflexión-acción también me permitió plantear nuevas hipótesis según iba avanzando el trabajo de campo y en función de la utilidad de las diferentes medidas de gestión de aula implementadas a la hora de mejorar el clima de aula.

Uno de los aprendizajes inesperados del trabajo de campo ha sido constatar que este proceso de acción-reflexión-acción debería formar parte del día a día de la labor docente, para poder adaptarse a las necesidades reales y sentidas de cada grupo-clase. Estos procesos de auto-reflexión fomentan el conocimiento propio así como el del alumnado, elemento imprescindible a la hora de decidir qué estrategias de gestión del aula pueden funcionar mejor así y también a la hora de establecer vínculos personales que den pie a gestionar de forma eficaz las emociones y los conflictos dentro del aula. Competencias como el liderazgo socioemocional y la resolución de conflictos se hacen imprescindibles para recuperar el alumnado como persona y mejorar su autoestima, lo que parece ser un buen punto de partida para crear un buen clima de aula. En definitiva, resulta imprescindible conocer y dar valor a la causa multifactorial de las conductas disruptivas para poderlas manejar dado el impacto que tienen en el ambiente en el aula, en el bienestar y salud emocional del profesorado y también en la relación entre el alumnado.

Estrategias de gestión del aula

Hacer significativo y relevante el aprendizaje también forma parte de la tarea de un profesorado que tiene en cuenta su alumnado y, aunque no lo garantiza, facilita un clima de aula más positivo porque ofreciendo actividades motivadoras, adaptadas e individualizadas si es el caso, se minimiza el riesgo de que aparezcan conductas disruptivas. Ofrecer actividades donde el alumnado es el protagonista de su propio aprendizaje suele motivarles para que fomentan su autonomía, la aceptación y el reconocimiento por la labor realizada. De nuevo, conocer personalmente al alumnado proporciona información clave que puede utilizarse convenientemente para gestionar los conflictos, adaptar las tareas curriculares a sus intereses, capacidades y necesidades y, en definitiva, para mejorar la gestión del aula. Ofrecer actividades significativas y alineadas con sus intereses no hace que el alumnado se motive automáticamente, ya que la persistencia de ciertos comportamientos disruptivos y la necesidad de ir estableciendo rutinas y códigos de normas y compromisos se convierten en aspectos más urgentes a la hora de construir la cultura de aula. En este sentido, podría decirse que una vez hay cierta cultura de aula instaurada, los grupos comienzan o pueden comenzar a responder favorablemente a actividades motivadoras.

Respecto a las normas y la disciplina, cabe destacar la necesidad de basarse en la disciplina positiva, apoyando el cambio de paradigma que deja de lado el modelo punitivo y sancionador ligado únicamente a la función educativa como transmisora de conocimientos y no de valores . De nuevo, se requiere un trabajo previo para implementar compromisos internos al inicio de curso y para garantizar el mejor funcionamiento de una clase a lo largo del curso. El profesorado que invierte este tiempo también lo está invirtiendo en conocer su alumnado, y por tanto, en generar relaciones personales de calidad con ellos, lo que retroalimenta y refuerza la cultura de aula.

Resulta por tanto curioso que se haya culpabilizado el alumnado de todas las problemáticas presentes en el aula cuando se puede observar el papel central de los docentes a la hora de crear las condiciones óptimas donde se desarrollan procesos de enseñanza-aprendizaje. La capacidad de controlar eficientemente todas las variables presentes en un aula requiere tiempo, pero, sobre todo, requiere voluntad y una posición de comprensión y liderazgo socioemocional para ser consciente y capaz de generar espacios de convivencia dentro de un aula.

Un equipo docente proactivo, con una alta capacidad de resolución de conflictos así como de integrar el uso de diferentes estrategias de gestión del aula a su materia generalmente requiere cierta experiencia profesional, aunque esta no es garante de tener un estilo docente abierto, integrador y comprometido con la creación de espacios de convivencia y aprendizaje. Cómo involucrar al profesorado que no siente la necesidad de repensar su labor como docente y hacer extensiva la necesidad de generar espacios de convivencia en los centros educativos y por tanto, de alinear esfuerzos y compartir buenas prácticas es uno de los interrogantes que se derivan de esta investigación

Presentación de Paola Ferrando de su TFM

En definitiva, mejorar el clima de aula pasa por la creación de las condiciones necesarias para trabajar contenidos curriculares y dar lugar a procesos de enseñanza y aprendizaje. En el Trabajo Final de Máster Gestió de l’aula: Estratègies claus per al canvi propongo medidas y estrategias alrededor de 

  • la creación de una cultura de aula
  • de la motivación y el terreno emocional
  • y de las medidas preventivasy correcciones no invasivas, que en su conjunto, promueven la tarea educativa como transmisora de valores y competencias que conforman la personalidad del alumnado y que por tanto, trascenderán el aula y tendrán un impacto en la sociedad y no únicamente en los centros educativos.