Entonces, ¿con quién puedo quedar? Adolescentes en confinamiento

Eulàlia Hernández i Encuentra, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación e investigadora del eHealth Center, e Ignacio del Arco Herrera, investigador del eHealth Center, hablan sobre la situación en que se encuentran los adolescentes en confinamiento.

Saber si puede salir o no, donde puede ir, a qué hora y cuánto tiempo, con quién puede quedar o si puede llevarse el skate o los auriculares grandes… son ejemplos de las dudas que nos han planteado las y los adolescentes en confinamiento en casa estos días desde la notificación de que niños y adolescentes pueden empezar a salir. Y no es nada extraño. De hecho, todos hemos tenido estas dudas, ellos y nosotros, los adultos. La información recibida de las diferentes fuentes oficiales -y también la de fuentes no oficiales bienintencionadas- ha contribuido a añadir algo más de incertidumbre a la que ya tenemos desde hace días.

Ciencia y fake news

A todos nos ha llegado información diversa y contradictoria sobre edades, motivos, horarios, lugares, etc. y, sobre todo, nos ha llegado información que no sólo era contradictoria, sino que tenía -graves- vacíos y dejaba en el limbo a un número importante de nuestras y nuestros adolescentes. Obviamente se han sentido ignorados, no tenidos en cuenta. De hecho, más allá de la «rebelión» popular (y familiar) ante la situación, incluso desde un consejo de participación oficial de niños y adolescentes se ha llegado a publicar un manifiesto reivindicando que se les tenga en cuenta (a las y a los adolescentes y los niños y niñas) en la información, la gestión, la toma de decisiones y en especial en el proceso de desconfinamiento. Esto quiere decir que era evidente que, hasta ahora, no había sido así. Da que pensar.

Y a nuestras y nuestros adolescentes en confinamiento también les ha dado qué pensar ver el mar de incertidumbre y desinformación en que nos movemos nosotros, los adultos. Ellos y ellas ya saben que la información obedece a intereses, no se les escapa; lo que quizá no habían descubierto aún es que incluso para «las cosas serias» -como la salud- la información puede ser una hoy y  mañana otra bien distinta (cabe decir que tal vez esto ha sorprendido también a más de un adulto). Aquí una oportunidad para aprender cómo avanza la ciencia, que se construye a partir de la refutación y comprobación de hipótesis a medida que van apareciendo nuevos datos, que es lo que está pasando estos días. Por eso el más prestigioso científico puede tomar unas decisiones fundamentadas en los datos un día, y unos días más tarde tomar otras  diferentes también fundamentadas en los datos, al tener  en cuenta los datos aparecidos con posterioridad. Y esta inconsistencia; bueno, la que nos ha llegado a nuestros hogares y que se traduce en cómo nos teníamos que comportar respecto a guantes, mascarillas, ventanas y patios, salidas fuera de casa, qué hacer y qué no hacer… es la que les ha costado -que nos ha costado- más de entender. Porque nosotros siempre les pedimos coherencia, responsabilidad y coherencia, y en algunos momentos estos días han visto muy poca coherencia en los adultos. Y nos lo han hecho notar.

Pactos y redefinición del espacio – tiempo

A lo largo de los días que llevamos de confinamiento hemos logrado establecer ciertas rutinas de funcionamiento diario (tanto de cuidado y ocio personal como de trabajos en el hogar), acordar las horas de wifi y de pantallas, repartirnos el uso de los diferentes espacios de casa, y pactar las horas individuales y las compartidas de actividad en familia. Está claro que no ha sido automático, la convivencia no es fácil, pero esta vez hemos tenido que adaptarnos a la situación surgida de la crisi del coronavirus Covid-19 quisiéramos o no, ¡y de golpe!

El período de confinamiento ha redimensionado el tiempo de las y los adolescentes, porque ahora no hay que correr, no se puede ir a ninguna parte. Salvo algunos que se quejan claramente -«¡no tengo vida!»- porque por la mañana tienen clases online y por la tarde tienen que hacer deberes, la mayoría tienen tiempo suficiente para hacer todo lo que quieren e incluso para lo que no; para hartarse de pelis y series,  y para hacer los deberes o tareas domésticas. Por un lado, dicen que ya les va bien porque ahora se agobian menos, pero también tienen una gran sensación de irrealidad porque parece haberse suspendido -momentáneamente, lo saben- aquella exigencia pre-confinamiento que sentían para hacer -y sobresalir- en diferentes actividades; vamos,  para que se activaran y no hicieran el «vago». Y esta atmósfera a algunos y algunas adolescentes también les ha permitido despertar su curiosidad y descubrir cosas nuevas, ser más creativos y hacerlo sin presiones, lo cual les ha permitido sentarse y aclararse un poco.

Las y los adolescentes están en «doble confinamiento», porque han añadido el confinamiento obligado al «confinamiento» que les es propio; aquel que ya les hace estar encerrados en sí mismos, en su mundo y su espacio

La redefinición del espacio ya es otra cosa. Es evidente que los límites del espacio transitable se han reducido, por eso es un confinamiento. Pero como algunas familias dicen, les parece que las y los adolescentes están en «doble confinamiento», porque han añadido el confinamiento obligado al «confinamiento» que les es propio; aquel que ya les hace estar encerrados en sí mismos, en su mundo y su espacio (su habitación, donde tienen también sus amistades al otro lado de una pantalla). Los adultos hemos aprovechado esta redefinición del espacio para «entrar», para intentar acercarnos a ellos. Y aquí un nuevo pacto, y éste mucho más interesante, el que nos ha hecho delimitar -no sin alguna que otra discusión- la distancia física y emocional tolerable entre los miembros de la familia. Eso sí, respetandonos, y definiendo un espacio necesario de encuentro y de descubrimiento -o redescubrimiento- mutuo, al tiempo que dejándonos espacio propio para cada uno.

«Parece que no les ha afectado mucho»: ¿se lo hemos preguntado?

En esta «maniobra de acercamiento» a muchos adultos les parece -a algunos  hasta les sorprende- que las y los adolescentes se hayan adaptado tan bien al hecho de estar encerrados. Algunos dicen incluso que deben recordarles que esto no son unas vacaciones cuando ven cómo se comportan. Otros sin embargo, comentan que sus hijos e hijas todavía se acuestan más tarde que antes, que los ven quejarse constantemente  y estar preocupados por cómo acabará el curso (especialmente los que hacen 4º de ESO y 2º de Bachillerato ), y que los ven más nerviosos o más tristes. Pero, ¿les hemos preguntado qué les pasa?; ¿qué necesitan?

La situación que vivimos tiene que haberlos afectado de alguna manera, por lo menos les ha hecho plantearse cuestiones como: qué pasa con el virus y por qué hay que seguir las indicaciones de confinamiento, a contener el miedo a enfermar, a gestionar la frustración por las nuevas normas y rutinas a seguir, o a reconducir la situación cuando se sienten enfadados, tristes,  ansiosos, etc. Es una situación nueva, llena de informaciones contradictorias y cambiantes (a veces fake), que rompe sus rutinas establecidas, y que redefine de manera drástica la  manera de estar con sus amigos y amigas. Y todo esto conlleva una maraña de sentimientos y pensamientos que pueden llegar a ser  muy catastrofistas o convertirse en verdaderos episodios de ansiedad por un futuro incierto.

adolescente buscando información coronavirus
Foto: YTCount en Unsplash

Algunas y algunos adolescentes aprovechan este «espacio de acercamiento» que hemos creado entre todos en las casas para compartir dudas, sentimientos y pensamientos; para preguntar también de manera abierta. Ellas y ellos mismos también habrán compartido sus preocupaciones con los amigos y amigas, y habrán buscado información en la red sobre el virus, los contagios, sobre si es normal tener miedo y estar enfadado, sobre cómo dejar de pensar continuamente en todo lo que no pueden hacer o cómo gestionar la ansiedad. Y no es de extrañar que lo hayan hecho, porque en tiempos pre-confinamiento la mayoría de las y los adolescentes ya buscaban información sobre salud en la red, y ahora tal vez sólo han cambiado los términos de búsqueda. A otros quizás no les resulta tan fácil poner en palabras lo que les pasa, y comparten y buscan o intentan buscar información de manera confusa y nerviosa, a veces incluso torpe, aumentando así su confusión y desazón.

Estos días hay que estar más atentos y abiertos a sus necesidades, mostrar  honestamente nuestras dudas y preocupaciones, identificar y compartir con ellas y ellos todos los islotes de certeza que tenemos en medio de esta situación nueva que nos ha tocado vivir y que seguro les plantea dudas. Y preguntarles también, desde esta nueva distancia emocional que hemos pactado, cómo se sienten, qué necesitan. De esta manera los podréis ayudar mejor.

Seguro que tenéis algo que decir al respecto. Vosotros o vuestros hijos o hijas adolescentes. Por favor, compartid de forma anónima los miedos, dudas y dificultades en la gestión emocional que está suponiendo toda esta situación para ellos y ellas.

Hacedlo AQUÍ

Y es que las y los profesionales estos días también hemos tenido que aprender a pactar, a preguntar, y a no dar nada por hecho.

Más información

Comunicado de la Junta de Gobierno y del Comité de Infancia y Adolescencia del COPC en relación al sostenimiento de la situación de confinamiento por la epidemia de Covid-19 y sus repercusiones psicológicas sobre la infancia y la adolescencia