Género, producción académica y COVID-19

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Sergi Fàbregues, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación e investigador GentTIC.

género producción académica

El confinamiento por la pandemia del COVID-19 ha afectado a todos los ámbitos de la sociedad y muy especialmente ha incidido en las estructuras familiares. Uno de los aspectos donde se ha notado ha sido en la desigual producción académica: si bien es cierto que han proliferado los artículos y estudios, sobre todo aquellos referidos al coronavirus, también lo es que las personas que más disposición han tenido y posibilidad de hacerlos han sido hombres. Evidencias científicas corroboran una desigualdad de género en la producción académica que, de nuevo, va en detrimento de las mujeres.

La mayor dedicación al cuidado y a las tareas del hogar por parte de las mujeres durante el confinamiento

Uno de los efectos más inmediatos de la declaración de la pandemia a nivel mundial ha sido el confinamiento domiciliario de la población. Durante un periodo aproximado de cuatro meses, con el fin de prevenir y contener el virus, los centros educativos de todo el mundo han cerrado sus puertas, haciendo que madres y padres con posibilidad de hacer teletrabajo se hayan visto obligadas y obligados a conciliar las responsabilidades laborales y familiares en un mismo entorno, el hogar. Las restricciones al desplazamiento y la toma de contacto con otros familiares han hecho, además, que estas madres y padres no hayan podido contar con otras formas de apoyo para el cuidado como los abuelos.

Tal y como evidencia la extensa literatura en temas de género, era previsible que una gran parte de la carga de cuidado durante el confinamiento recayera en las mujeres. En efecto, así ha sido, como confirman datos recientes de una encuesta, encargada por Naciones Unidas y realizada en el mes de mayo de 2020 a 18 países, en la que un mayor porcentaje de mujeres, en comparación con el de hombres, afirmó haber incrementado su dedicación a las tareas de cuidado y domésticas durante el confinamiento. En el caso de las personas en régimen de teletrabajo, los datos de la
Current Population Survey de Estados Unidos mostraron una tendencia similar: entre los meses de febrero y abril de 2020, las madres trabajando en esta modalidad y con hijos menores de 12 años habrían dedicado entre cinco y seis horas menos por semana a la actividad laboral en comparación con los padres trabajando en la misma modalidad.

Los efectos del confinamiento en la producción académica de las mujeres con hijos menores

Entre el colectivo de mujeres que se ha visto afectado de manera directa por esta situación, las mujeres académicas con niños pequeños tienen una presencia importante. Si bien, en condiciones normales, este colectivo ya enfrenta obstáculos importantes para su progreso académico, los efectos del confinamiento en su carrera profesional han sido más negativos que los de sus homólogos masculinos. Así lo anticipó un artículo viral, publicado en la revista Nature en el inicio de la pandemia (abril de 2020), y así se ha confirmado en múltiples investigaciones recientes que han mostrado que las mujeres habrían tenido menos producción académica en el período de la pandemia. Por ejemplo:

  • Andersen y colegas (junio de 2020) observaron que la proporción de mujeres de universidades de Estados Unidos y primeras autoras de artículos sobre COVID-19 en revistas médicas durante el periodo marzo-abril de 2020 fue un 14% inferior a la proporción de mujeres primeras autoras de todos los artículos publicados en las mismas revistas del año anterior.
  • Cui y colegas (julio de 2020) encontraron que, durante diez semanas del confinamiento, la productividad de las mujeres académicas, medida en publicaciones subidas en el repositorio ssRNA (Social Science Research Network), disminuyó un 13.9% con respecto a la productividad de sus homólogos masculinos.
  • Kibbe (agosto de 2020), editora de la prestigiosa revista JAMA Surgery, evidenció una disminución del 7% en la proporción de mujeres en la posición de autora de correspondencia respecto al mismo periodo del año anterior en los manuscritos enviados a esta revista entre los meses de abril y mayo de 2020.
  • King & Frederickson (agosto de 2020) identificaron una reducción clara de las subidas de preprints durante el período del confinamiento por parte de las mujeres respecto a los hombres en los repositorios arXiv y bioRxiv, en todas las posiciones de autoría en el caso del primer repositorio y en la posición de última autoría en el caso del segundo.
  • Pinho-Gomes et al (2020) evidenciaron que desde el inicio de la pandemia en enero de 2020, las mujeres ocuparon sólo un tercio de las autorías de artículos sobre COVID-19 a nivel internacional.

A pesar de que una limitación evidente de todos estos estudios es que no ofrecen información sobre los elementos causales de la menor productividad de las mujeres académicas con hijos pequeños respecto a sus homólogos masculinos, sí que nos permiten dar fuerza a la hipótesis de la existencia de una brecha de género en el seno de los hogares durante el confinamiento, que habría afectado de manera desigual al desarrollo profesional y académico de mujeres y hombres. Esta hipótesis adquiere aún más fuerza si triangulamos los datos de los estudios citados anteriormente con los datos provenientes de una encuesta a casi 200 académicos y académicas de todo el mundo, los resultados de la cual ponían de manifiesto que el hecho de tener hijos debería afectado de manera desproporcionada a las mujeres en la cantidad de trabajo doméstico y de cuidado que habrían tenido que asumir durante el confinamiento. Unos datos que apuntan claramente, pues, a una inclinación hacia el género masculino en la producción académica en los últimos meses.

Las medidas propuestas para corregir las desigualdades de género en la academia y en la producción académica

Los estudios que hemos citado antes, junto con otros estudios, han contribuido a hacer pública la desigualdad de género estructural en la academia, permitiendo abrir un debate, en forma de editoriales y comentarios en revistas académicas de gran prestigio como The LancetJAMANature o PNAS, sobre la necesidad de poner medidas para hacer frente a esta situación. Estas medidas se pueden clasificar en tres tipos: 

  • Las medidas orientadas a establecer modelos más flexibles en las formas de trabajo.
  • Las medidas dirigidas a introducir cambios en la cultura y las normas institucionales, tomando en consideración que la dimensión de género es un elemento estructural y culturalmente presente en todas las instancias y procesos de las instituciones académicas.
  • Las medidas basadas en estrategias de acción positiva.

La implementación de medidas de acción positiva para la igualdad de género en la academia

Los estudios que han evaluado las medidas para paliar la desigualdad de género en diferentes ámbitos -no únicamente en la academia- han coincidido en la mayor eficacia de la acción positiva respecto a los otros dos tipos de medidas. Así lo constata, por ejemplo, este artículo del año 2011 en que su autora reflexiona sobre la ineficacia del mainstream de género en comparación a medidas más directas como la acción positiva. En referencia al caso de las instituciones políticas europeas, la autora concluye que este tipo de medidas habrían servido a los responsables políticos para implementar acciones poco efectivas que, al mismo tiempo, habrían obstaculizado la implementación de medidas de acción positivas más efectivas y directas.

El problema de la desigualdad de género en la academia y en la producción académica persistirá hasta que las instituciones no asuman que la única solución para hacerle frente es implementar, de manera radical y directa, medidas de acción positiva que corrijan el diferente punto de partida de mujeres y hombres en el desarrollo de su carrera académica.

¿En qué consiste establecer una política de acción positiva en el ámbito de la academia? Pues en dar prioridad al género femenino, por encima del género masculino, en los diversos ámbitos académicos para corregir una desigualdad de género que es estructural y que tiene una dimensión histórica. Esto se traduce, por ejemplo, en implementar medidas como priorizar la financiación de proyectos liderados por mujeres o favorecer la incorporación de una profesora mujer en lugar de un profesor hombre, en condiciones de igualdad de currículo. Significa, en otras palabras, que los hombres dejen paso a las mujeres en determinadas circunstancias. A pesar de la eficacia comprobada de estas medidas respecto al resto de medidas, su implementación es ciertamente compleja, sobre todo porque implica, por parte del colectivo masculino, una renuncia de algún tipo: una mujer ocupa una posición en lugar de un hombre; una mujer recibe un proyecto en lugar de un hombre; una mujer tiene prioridad en la obtención de algún bien académico, etc…

En la opinión del que escribe estas líneas (y con independencia de su género), el problema de la desigualdad de género en la academia y en la producción académica persistirá hasta que las instituciones no asuman que la única solución para hacer frente es implementar, de manera radical y directa, medidas de acción positiva que corrijan el diferente punto de partida de mujeres y hombres en el desarrollo de su carrera académica. En un contexto de cambio constante de nuestra realidad cotidiana y de las formas de trabajo, la COVID-19 se convierte en una buena oportunidad para reconsiderar la pertinencia de estas medidas. Y, sí, esto no será suficiente. Después, una vez las mujeres se equiparen a los hombres en número y cantidad de producción académica, habrá que cambiar la cultura machista, patriarcal y retrógrada de la academia. Pero esta ya es otra historia.