Las ciudades feministas en el contexto de la pandemia del COVID-19

25 noviembre, 2020 ciutades feministas Foto: Daria Obymaha a Pixabay

Las ciudades son femeninas. Al serlo, como las mujeres, han sufrido, a lo largo de los siglos, la violencia del poder de las estructuras capitalistas y patriarcales. A lo largo del tiempo, las urbes, mediante las políticas públicas, influenciadas por los poderes privados, tanto locales como globales, han intentado resolver los problemas y los conflictos sociales y económicos. Así pues, bajo la apariencia de aplicar estrategias de intervención urbana y social, más o menos decididas por las ciudadanías, hay cuestiones y problemáticas urbanas que se han vuelto endémicas (pobreza, conflictos, derecho a la vivienda, etc .). Éstas están directamente relacionadas con los modelos de ciudades que, al mismo tiempo, están estrechamente imbricados con los modelo productivo y de poder.

Hacia un nuevo urbanismo

Para problematizar estas cuestiones, y para intentar resolver estas problemáticas, estamentos internacionales, como por ejemplo las Naciones Unidas, y nacionales, como por ejemplo los ayuntamientos, repiensan y replantean estrategias y planteamientos de gestión e intervención social, urbano y económico en los contextos de las ciudades, donde la concentración de personas sobrepasa, y en mucho, los umbrales tanto físicos como urbanos haciendo aún más crónica esta situación. En relación a esta idea, las Naciones Unidas, aprobaron la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible (2015), que se planteó como una oportunidad para que los países y sus sociedades emprendieran un nuevo camino para mejorar la vida de las ciudades. Ésta se fundamenta con una serie de objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de los que destacamos la eliminación de la pobreza, el combate al cambio climático, la educación, la defensa del medio ambiente, el diseño sostenible de las ciudades y la igualdad de la mujer en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Es por eso que más adelante, desarrollaremos una serie de ejes conectados con y trabajados desde el urbanismo feminista.

¿Hasta qué punto es legítimo lo que se propone en la Agenda 2030, dado que tanto el planteamiento como su filosofía tienen una cierta concordancia la Agenda 21 Local, planteada en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992)? Podríamos entender que la Agenda 2030 es una especie de reedición de la primera. Dado que ésta no desarrolló las políticas ambientales, sociales y económicas, de forma glocal, con la intensidad deseada, se insiste, mundialmente, en una serie de objetivos que, en un primer momento, no se alcanzaron dadas las divergencias nacionales y los intereses económicos particulares de los estados y de las ciudades.

El momento de las ciudades feministas

En la actualidad, dada la crisis de la COVID-19, la problemática de salud está poniendo presión sobre todas estas problemáticas urbanas permanentes dada su interrelación, las cuales, como hemos mencionado, no hemos sido capaces de solucionar colectivamente. Hemos llegado, pues, a una situación urbana extrema con un colapso social, económico, político y de salud muy sustancial y grave.

Necesitamos, ahora sí, que nuestras ciudades sean unas ciudades feministas. Las circunstancias actuales han provocado que el cuidado y la salud se sitúen en el centro de la vida colectiva. Debemos aprovechar la oportunidad, como en otras pandemias pasadas, no sólo para transformarlas urbanísticamente, con la voluntad de mutar las ciudades hacinadas e insalubres para hacerlas más habitables, sino también para alterar social, política y económicamente las metrópolis . Es decir, hay que realizar una problematización y un cuestionamiento de las ciudades de forma global. Para poder realizar este ejercicio, tenemos que beneficiarnos, colectivamente, de la experiencia y del saber que las personas cuidadoras han adquirido en los espacios domésticos y trasladarlos a la esfera pública para construir espacios saludables, para poder velar por las personas que viven las ciudades, etc. En definitiva, debemos reflexionar sobre qué lecciones nos está dando el contexto actual para diseñar urbes más saludables y habitables.

¿Cómo hacemos que la ciudad sea más cuidadora? 

Font: Manual d’urbanisme de la vida quotidiana: urbanisme amb perspectiva de gènere

Intentamos dar respuesta a esta pregunta desarrollando una serie de ejes, estrechamente conectados con los aspectos del cuidado y la salud colectiva de las metrópolis. Unos ejes que se han trabajado desde posiciones relacionadas con el urbanismo feminista y, por tanto, teniendo en consideración, especialmente, el espacio social y arquitectónico reproductivo. Todos ellos están estrechamente relacionados con la construcción física y el talante social de las ciudades. Estos ejes para ciudades feministas son:

Trama urbana

Las ciudades compactas y diversas (mezcla de residencia, oficinas, industrias y servicios) funcionan mucho mejor para la ciudadanía que las ciudades dispersas, zonificadas por actividades, dependientes de automóviles y consumidoras de recursos y tiempo. La vida urbana rica y diversa exige una densidad mínima, diversidad de usos y mixtura de personas que habitan los lugares y los espacios.

Movilidad

La movilidad de la vida cotidiana prioriza los movimientos a pie y la salud. Una ciudad que facilita los recorridos que hacen las personas para llevar a cabo las tareas cotidianas, tanto laborales como reproductivas, es decir, recorridos complejos y diversos (en contra del análisis bidireccional casa-trabajo-casa). Una movilidad integrada en la trama urbana de la cotidianidad que conecte los espacios de cuidado, educación o juego, tanto a pie como en transporte público y en diferentes horarios según las necesidades.

Equipamientos

Los equipamientos son una pieza clave en el sostenimiento de la vida (escuelas, centros de asistencia primaria, centros cívicos, bibliotecas, etc.) y su integración en el territorio es capital. La red de equipamientos debe estar planificada de manera que refuerce y alimente la vida cotidiana; por tanto, responde a un buen diagnóstico plurisectorial y social, regulando las piezas de manera flexible, permitiendo la mixtura de usos en una misma parcela o en zonas de las ciudades próximas.

Espacio público

Los espacios públicos deben ser inclusivos y compatibilizar tareas de cuidado y reproducción y, al mismo tiempo, reunir una mezcla de funciones (jugar, comprar, hacer vida social o cuidar, etc.) y de servicios (lavabo, fuente de agua , protección del clima, etc). Es un espacio que se dedica a los peatones y la estancia en detrimento del vehículo privado y la privatización del espacio público.

Edificación

Desde la perspectiva del urbanismo inclusivo, no se puede separar el edificio de la calle: forman un continuo y el «dentro» y el «fuera» se desdibujan. Las plantas bajas tienen la función de poner en relación lo público y lo privado y, por ello, los espacios abiertos en la calle y transparentes facilitan este papel. La diversidad de funciones en estas plantas bajas, desde comercio de proximidad hasta equipamientos, ayuda a facilitar las tareas cotidianas. En todo caso, las piezas no suponen una barrera en la trama urbana, ni en la conectividad y se evitan las dimensiones fuera de escala humana.

Tejido social

La vida urbana no es el resultado de un proyecto, sino una dialéctica entre lo físico y lo social. Asumir la diversidad social, la diferencia de opiniones y la posibilidad de conflicto es parte de la vida urbana. La ciudad inclusiva vive todo esto como una oportunidad y, al mismo tiempo, fomenta las redes sociales, la apropiación temporal, y los espacios de estancia, de encuentro y de juego. La apropiación del espacio por parte de un tejido social vivo potencia el cuidado comunitaria, la socialización de las tareas de mantenimiento de la vida y el control informal.

Autonomía

Una ciudad que promueve la autonomía es una ciudad accesible para todos los colectivos, para que los niños, las personas con diversidad funcional o la gente mayor se muevan independientemente y de forma segura. A la vez, es una metrópolis segura que favorece la presencia de todos los colectivos de mujeres en el espacio público y que fomenta la percepción de seguridad, diseñando espacios con buena visibilidad, buena iluminación, concurrencia de personas y oportunidad de pedir ayuda.

Tiempo

El desigual reparto de las tareas de cuidado ha colocado a ciertos colectivos en una posición desventajosa no sólo social y económicamente sino también temporalmente (por ejemplo, las mujeres dedican una media de dos horas más al día a las tareas cotidianas que los sus compañeros). Por otra parte, las tareas domésticas y de cuidado no sólo tienen horarios diferentes sino que estas actividades tienen una lógica temporal sincrónica y cotidiana (realización de diversas actividades de cuidado al mismo tiempo) muy diferente de la lógica temporal diacrónica del trabajo-empleo (Torns, 2003). 

urbanisme feminista
Carriles bici proyectados en Sants-Creu Coberta. (Ayuntamiento de Barcelona).
Fuente: Covid 19, distància física i ciutat, de Olga Subirós

Unas ciudades feministas y más libres

Como bién dice Olga Subirós (2020): “la negociación del espacio público de la ciudad está en juego. Esta vez las cartas no están a favor de la movilidad en vehículos de combustible fósil, esta vez, por fin, es la salud. Es nuestra supervivencia. El virus está convirtiendo las ciudades en laboratorios para el cambio que necesitamos». Así pues, la continua tensión entre el espacio reproductivo (la vida) y el espacio productivo (el capital) se está haciendo más patente que nunca, en las ciudades, en el contexto de la pandemia y, ahora en estos momentos, de forma general, los ejes planteados, anteriormente, pueden ayudar a reflexionar sobre cómo (re) construir y diseñar las ciudades tanto a corto como a largo plazo.

Si tenemos en consideración estos ejes, entonces la reproducción social ganaría terreno dentro de la esfera pública y las metrópolis y, al mismo tiempo, esta rompería la dicotomía entre lo productivo / reproductivo. La reproducción social entendida «como un complejo proceso de tareas, trabajos y energías el objetivo sería la reproducción biológica (considerando las diferentes especies y su estructura ecológica) y la de la fuerza de trabajo. Incluiría también las prácticas sociales y los trabajos de cuidados, la socialización y la satisfacción de las necesidades humanas, los procesos de relaciones sociales que tienen que ver con el mantenimiento de las comunidades, considerando servicios públicos de sanidad, educación y transferencias que redujeran el riesgo de vida” (Carrasco, 2017, pàg. 63). 

Así pues, este concepto de reproducción social permitiría repensar no sólo las ciudades. También permitiría la problematización del vínculo entre lo social y lo económico, sin separar la reproducción y la producción y, a la vez, conectarlo con otros tipos de economías diferentes como, por ejemplo, la economía feminista. Esta corriente postula que los beneficios de los capitales se destinen en construir un bienestar social para todas, es decir, al generar el bien común, o, también, la economía verde, que plantea que hay que mejorar el bienestar de la sociedad y también garantizar la equidad y la justicia social siempre teniendo en consideración el cuidado del planeta y los recursos naturales que existen.

Si sabemos reflexionar sobre las ciudades desde estos ejes, si los tenemos en consideración en el momento de transformar los espacios públicos, en el momento de diseñar nuevos lugar urbanos, etc., seguramente tendremos unas ciudades feministas (todavía más) y, tal vez , más libres de los poderes económicos y patriarcales.

Referencias:

Carrasco, C. (2017). La economía feminista. Un recorrido a través del concepto de reproducción. Ekonomiaz, 91 (1), 52-77.

Subiros, O. (2020). Covid 19, distància física i ciutat. Blog Escola Sert. https://www.escolasert.com/ca/blog/covid-19-grans-ciutats

Torns, T. (2003). Les polítiques de temps: Un repte per a les polítiques de l’Estat del Benestar. Quaderns de la Fundació Nous Horitzons.

Para ampliar: 

Paricio, A. (2019). Manual d’urbanisme de la vida quotidiana: urbanisme amb perspectiva de gènere. Barcelona: Ajuntament de Barcelona. Disponible a: https://bcnroc.ajuntament.barcelona.cat/jspui/handle/11703/112461

Pernas, B., i Román, M. (2017). Ciudades igualitarias, ciudades en trasformación: Guía práctica de urbanismo y género (Edición: A. G. de Desarrollo Urbano Sostenible). Ayuntamiento de Madrid.

Román, M., i Velázquez, I. (2008). Guía de urbanismo con perspectiva de género. Instituto de la Mujer de la Región de Murcia. 

Vega, C., Martínez, R., i Paredes, M. (2018). Cuidado, comunidad y común. Experiencias cooperativas en el sostenimiento de la vida. Madrid: Traficantes de sueños. Disponible a: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/TDS-UTIL_cuidados_reducida_web.pdf

Autores / Autoras
Profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, y del máster de Ciudad y Urbanismo
Profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, y del máster de Ciudad y Urbanismo.
Profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación.
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