Enseñar y aprender en línea: superando la distancia social

17 abril, 2020

El catedrático de los Estudios de Psicologia y Ciencias de la Educación Albert Sangrà comienza el ciclo de webinars sobre docencia no presencial de emergencia con una sesión centrada en cómo enseñar y aprender en línea.

¿Qué quiere decir enseñar y aprender en línea? ¿Es posible aplicar soluciones de la educación en línea a la situación de emergencia que vivimos?

Albert Sangrà es catedrático de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, director de la Cátedra UNESCO en Educación y Tecnología para el Cambio Social y miembro del grupo de investigación Edul@b. Ha sido el encargado de comenzar el ciclo de webinars Docencia no presencial de emergencia, en el que se dará una formación práctica sobre educación en línea enfocada a la situación crítica que estamos viviendo. Están abiertos a todo el mundo, y os podéis inscribir a través del siguiente enlace.

En esta primera sesión, Sangrà proporciona una visión general sobre las posibilidades de una educación a distancia para superar la emergencia. A continuación, destacamos algunas claves de su seminario para enseñar y aprender en línea.

La educación no presencial, solución para una situación crítica

La educación en línea a menudo ha surgido como reacción a situaciones de emergencia. La mayoría de centros educativos están acogiendo la educación en línea como solución para enfrentar el confinamiento y el cierre de escuelas, universidades, etc.

Por esta razón, las situaciones son muy variadas, y no hay recetas que valgan para todo el mundo: habrá que adaptar un marco general de referencia a las peculiaridades de cada caso.

COVID-19: nuestra situación de emergencia

Hay que entender que lo que haremos es encontrar una solución de choque ante la emergenciaNo será la mejor solución, sino la más viable, y habrá aspectos difíciles de resolver. Otros aspectos, como las desigualdades socioeconómicas, no los podremos solucionar, porque dependen de un replanteamiento general del sistema educativo, y no del paso al entorno virtual.

También hay que tener en cuenta que lo que haremos no es educación en línea, y no puede llegar a dar los mismos resultados. Para que lo fuera, tendría que estar programada como tal. No obstante, es un buen contexto para explorar miradas nuevas sobre esta modalidad y perder el miedo.

Superar la distancia social

Lo más importante para dar una educación a distancia que nos ayude a superar la emergencia es tener interés. Partiendo de este interés, el catedrático nos propone hacer énfasis en ocho puntos:

– Los estudiantes: tener en cuenta qué perfil tienen, propiciar su aprendizaje sobre cómo aprender en esta nueva situación y atender sus problemas en la medida que esté en nuestras manos.

enseñar y aprender en línea
Fotografía: Avel Chuklanov en Unsplash

– La organización: hay que adaptar la carga de trabajo al nuevo contexto. A pesar de que estén en casa, los estudiantes usarán las mismas horas que antes para estudiar. Ahora bien, el entorno no es el mismo que el de la clase presencial, y permite a la vez que exige más flexibilidad (por ejemplo, un debate que presencialmente duraría 50 minutos se puede extender durante tres días en el entorno virtual, posibilitando que los alumnos participen cuando puedan y piensen bien las intervenciones).

– La interacción: una buena educación en línea es aquella que permite la interacción entre estudiantes y con el docente. Hay que hacerse notar como docentes utilizando los recursos disponibles (mail, redes, teléfono…), y trabajar bien la retroalimentación que se da a los alumnos.

– Los materiales: utilizar recursos relevantes, muy seleccionados. Una gran cantidad de recursos no implica una buena docencia, es mejor usar pocas herramientas y que sean efectivas.

– El acompañamiento y el seguimiento: es importante ser claros, transmitir serenidad y positividad y guiar a los estudiantes. Por ejemplo, se les puede proporcionar guías para estudiar solo en casa u organizar videoconferencias donde se resuelvan las dudas.

– La evaluación: lo mejor es que sea formativa y continua, que observe el proceso del estudiante y no solo recoja el resultado final. Es importante evitar la sobrecarga, tanto para los alumnos como para el profesor, que tendrá que corregir los ejercicios.

– La brecha digital: es fundamental ser conscientes de ella e intentar paliarla, pero también saber que no todos los problemas dependen de la tecnología. Hay cosas que se resuelven asegurando el acceso a Internet, pero la capacidad de trabajo de cada uno y la  disponibilidad de las familias para acompañar los estudiantes depende a menudo de otros muchos factores socioculturales.

– Los docentes: es recomendable trabajar colaborativamente, en red, porque todos los docentes tendrán problemas similares. La colaboración permite crear sinergias que facilitan la solución de los retos.

En definitiva, considera Sangrà, la situación crítica en que vivimos supone nos aboca a un espacio diferente de aprendizaje, en el que todo el mundo aprenderá cosas buenas y malas. Es una buena ocasión para observar el potencial de la educación en línea y para perder miedos, para enriquecer y hacer más sostenibles nuestras ecologías de aprendizaje. El sistema, también tendrá que repensarse para acontecer más flexible y dar más recursos y apoyo en futuras ocasiones.

Podéis recuperar la presentación completa del profesor Sangrà en el siguiente enlace.

Autor / Autora
Redactora colaboradora de los Estudios
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