Joel Feliu: «Para que se produzcan vínculos sociales y haya una buena educación en línea, es muy importante la evaluación continua»

10 marzo, 2021
Joel Feliu

Joel Feliu i Samuel-Lajeunesse ha sido profesor colaborador del ámbito de Psicología Social de la UOC desde el curso 1995/96, en que se comenzó la licenciatura de Psicopedagogía. Este curso hace veinticinco años de aquellos inicios, que supusieron a su vez el inicio de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y de la UOC. Para conmemorarlo, hemos hablado con él del principio, la evolución y de su experiencia general en la UOC.

Antes de entrar a trabajar en la UOC, ¿Sabías que existía? ¿Cómo te llegó esta oportunidad?

No, no sabía que existía, pero es normal, porque de hecho no existía. Yo entré en el primer semestre de 1995/96 con la primera generación de la licenciatura en Psicopedagogía. Como la mayoría de oportunidades laborales en este país, me llegó por relaciones personales: mi director de tesis en la UAB fue el encargado de coordinar los materiales de la asignatura de Psicología Social y me comentó que la UOC buscaba gente para hacer la docencia virtual. Entonces yo ya enseñaba psicología social en la UAB como profesor asociado, así que me presenté.

¿Qué inquietudes tenían los y las estudiantes? ¿Qué clases disfrutabas más haciendo?

En la UOC siempre he dado clases de introducción a la psicología social (con varios nombres y en varias carreras: Psicopedagogía, Psicología, Relaciones Laborales, Educación Social…). Es una asignatura de fundamentos básicos en la que tenemos el privilegio de desmontar un poco las creencias sobre el funcionamiento de los individuos con las que las estudiantes llegan a la universidad. Suelen empezar estas carreras con una preocupación por entender a las personas desde una mirada muy individualista, como si todo aquello que nos pasa fuera causado por características biológicas o psicológicas particulares, y nosotros intentamos mostrarles el papel que juegan las relaciones sociales y colectivas.

Intentamos mostrar el papel que juegan las relaciones sociales y colectivas en lo que nos pasa

En las primeras promociones había entre 15 y 20 profesores colaboradores en los Estudios. Veinticinco años después, hay 900. De 100 alumnos se ha pasado a 16.500. ¿Crees que este crecimiento ha modificado radicalmente la forma de enseñar en la UOC?

Quizás entre los primeros años y los años inmediatamente siguientes sí que hubo un cambio, más que nada por el aumento de tamaño de los grupos aula, que nos obligó a reducir el grado de personalización de la enseñanza. No es lo mismo enseñar a unas veinte personas que a setenta u ochenta. Aun así, yo agradezco que, más allá de aquel cambio inicial, la UOC haya mantenido estables los grupos y no haya seguido aumentando la ratio. Era fácil caer en la tentación de hacerlo todo en formato MOOC y esto no ha pasado, por suerte. Esto nos ha permitido mantener cierto grado de relación personal con las estudiantes del aula, cosa que es muy importante y, desde mi punto de vista, una característica básica de la UOC.

Un cierto grado de relación personal es una característica básica de la UOC

Cuando entraste a la UOC, ¿sabías cómo funcionaba Internet?

Sabía aquello que podíamos saber los universitarios de carreras sociales en 1995, es decir, poca cosa, a pesar de que estábamos bastante informatizados. Ya teníamos correo electrónico, navegábamos por la red y trasteábamos con los módems de la época. Sin embargo, con la UOC la relación con Internet pasó a ser personal, con todo lo que esto implica emocionalmente —por ejemplo, llorar cuando no había manera de establecer la conexión o cuando caía el campus—.

¿Hay alguna anécdota o historia que te haya marcado durante este tiempo en la UOC?

La anécdota que más me marcó me sucedió en el primer semestre. Un estudiante se quejó a la dirección de los estudios del tono de un mensaje que yo le había enviado. Me sorprendió porque era y soy bastante cuidadoso a la hora de enviar mensajes, y no había visto nada extraño al enviarlo. Igual que pasa ahora, el género de los mensajes electrónicos (tanto personales como académicos) está entre la carta formal y la comunicación oral, de forma que es difícil encontrar el equilibrio. Desde un buen principio, yo había optado por intentar que la comunicación con las estudiantes fuera cuanto más oral mejor, es decir, bastante informal. Para mí, era una manera de romper la distancia que la relación por Internet creaba inevitablemente. El problema es que el tono oral requiere pistas emocionales, sea en forma de emoticonos o jugando con el estilo literario (ahora parece imposible, pero hay que recordar que no es obligatorio utilizar emoticonos para transmitir una emoción!).

A partir de entonces, siempre procuro que quede claro el tono del mensaje, cosa que me obliga a releerme los mensajes muchas veces, a hacer un uso profuso de los emoticonos (a pesar de que el campus no ayuda, porque no están disponibles en el editor) y, sobre todo, ¡a ponerme siempre en la piel de la persona más malhumorada que pueda leerlo!

¿Crees que la mejora de las instalaciones virtuales de la UOC ha provocado una mejora en la docencia?

Lógicamente, el campus virtual no deja de ser una instalación física y, como toda instalación física, lo que le pedimos es que nos permita hacer la docencia. Igual que en la UAB, donde sigo trabajando, espero encontrarme la puerta del aula abierta y que las luces funcionen, el campus virtual tiene que ser tan estable como un campus físico, y esto es difícil, especialmente si se crece muy deprisa. Por suerte, las caídas del campus del principio ahora son historia, cosa que nos permite dedicar nuestro espacio mental a las clases y no a sufrir por si podremos entrar o no.

A menudo nos hemos quejado, yo el primero, de que la UOC era conservadora, tecnológicamente hablando. Durante estos años hemos visto mil y una aplicaciones y diseños aparecer en Internet, y muchas veces hemos pensado que convendría aplicarlos al campus, pero no ha llegado a pasar. Con el paso del tiempo, algunas se han consolidado, pero muchas han desaparecido. Haberlas introducido todas quizás habría sido un desastre. Seguramente se han perdido oportunidades, pero la estabilidad del campus me parece claramente prioritaria.

No podemos deshacernos de la reflexión larga y pausada, que es la característica principal de la reflexión académica

Aun así, el campus actual es bastante más flexible que el del principio y hay más aplicaciones de las que podré utilizar en toda mi carrera docente. Ahora mi miedo es que caigamos en la tentación de las cápsulas informativas breves, sean audiovisuales o de texto. No podemos olvidar que estamos en una universidad: la reflexión larga y pausada es la característica principal de la reflexión académica. Si nos deshacemos de ella, difícilmente nos podremos seguir denominando una universidad, pasaremos a ser otra cosa.

Tu línea de investigación es la relación entre la vida cotidiana y el conocimiento y las tecnologías. En relación con esto, ¿qué particularidades tiene la educación en línea?

El principal problema que tiene la educación en línea es el hecho que la estudiante está sola en su casa, sin contacto físico con el resto de estudiantes y el profesorado. Esta falta de vínculo hace que sea muy fácil perder el hilo del estudio, irlo dejando y al final del semestre descubrir que no se llega a todo. Para mí, el principal trabajo que hacemos el profesorado colaborador es intentar evitar que esto pase.

Precisamente, lo que he aprendido con mi investigación es que las tecnologías de la información y la comunicación son sobre todo tecnologías de relación —un concepto que propusimos ya hace unos cuantos años desde el grupo de investigación JoveNTIC, dirigido por la profesora Adriana Gil-Juárez, que entonces trabajaba en la UOC—. Como tales, son una gran herramienta para vencer el aislamiento. De hecho, este es el uso que todos hacemos de ellas, utilizamos las TIC para relacionarnos. Por este motivo, la UOC tiene que ser también un espacio de relación, donde se creen vínculos sociales. Si esto no pasa, la educación en línea difícilmente se produce. En este sentido, la evaluación continua es muy importante en la UOC: se tienen que pautar las actividades, recordar las cosas que hay que hacer en cada momento y estar disponible a la hora acordada para responder preguntas o dudas y también para sugerir actividades, recomendar materiales, vincular los temas de actualidad con el temario, etc. En definitiva, hay que hacer todo lo posible para mantener a la estudiante conectada con la asignatura, que es mantener la relación con ella.

Hay que hacer todo lo posible para mantener a la estudiante conectada con la asignatura

¿Cuál es la mayor diferencia entre trabajar en la UOC y trabajar en otras universidades?

Siempre explico que a mí lo que más me gusta de la UOC, y la razón por la cual sigo enseñando aquí veinticinco años después, es que las relaciones que creo con las estudiantes son bastante diferentes de las que se crean en la universidad presencial. Es más, en algunos sentidos, siento que a menudo la comunicación es más auténtica, y que el medio escrito y el hecho de no vernos las caras facilitan intercambios más sinceros. En mi caso, es una de las razones por las cuales no utilizo el video en la docencia. A pesar de que no descarto hacerlo en algún momento, creo que hay que pensar bien qué se gana y que se pierde.

Por otro lado, el hecho que el sistema no sea sincrónico nos es francamente útil al profesorado, puesto que cuando recibimos una duda complicada de un estudiante tenemos más tiempo de buscar la información que no tenemos o no sabemos y pensar bien la respuesta. El aula presencial da más miedo, en este aspecto. Se puede decir que en la UOC nos es más fácil quedar bien y mantener nuestra imagen profesional de personas sabelotodo.

Si ahora tuvieras que estudiar Psicología, ¿te plantearías cursarla en la UOC? ¿Por qué?

Si yo tuviera dieciocho años ahora, no estudiaría en la UOC. La razón es muy sencilla, y no es académica, porque pienso que el nivel de la UOC es perfectamente equivalente al de cualquier universidad presencial. Es simplemente un tema de socialización: con dieciocho años, la etapa universitaria es el momento de descubrir un entorno nuevo, con personas que estudian lo mismo que tú y en el mismo lugar que tú porque quieren (a diferencia del bachillerato y de la educación secundaria obligatoria). El aprendizaje que se produce en la universidad es tanto académico como relacional. Yo creo que la primera universidad tiene que ser una experiencia presencial, y por eso me entristece mucho cómo ha ido este curso a causa de la pandemia, especialmente en los cursos iniciales.

La UOC es un espacio muy interesante para estudiar: su punto fuerte es la diversidad de perfiles que uno puede encontrar

Aun así, más allá de esta edad y de esta etapa educativa, la UOC es un espacio muy interesante para estudiar: su punto fuerte es la diversidad de perfiles que uno puede encontrar. En este sentido, creo que la UOC tiene que hacer un esfuerzo para poner de relieve esta diversidad y aprovecharla más en las aulas. Además, pienso que, gracias a la flexibilidad temporal que permite, la UOC supone una alternativa razonable para las estudiantes que tienen que trabajar a tiempo completo y no se pueden permitir tener trabajos solo de tiempo parcial o no trabajar. Aun así, pienso que las universidades presenciales tienen que dar más facilidades a las estudiantes que trabajan, especialmente a las más jóvenes, cosa que ahora no hacen, más bien todo lo contrario.

Resume con una palabra o una frase tu experiencia en la UOC

No puedo, hacerlo sería contradecir lo que he dicho más arriba sobre la importancia de escribir cuando no hay señales visuales. Si no hay imágenes, necesito las mil palabras que me corresponden. A mí la experiencia en la UOC me ha ayudado a adquirir gran parte del conocimiento que tengo y que aplico en mi investigación sobre cómo son las relaciones virtuales y qué hacemos las personas cuando nos relacionamos a través de Internet. Gracias a la UOC tengo y he tenido relaciones con personas, estudiantes y profesorado, muy diversas, que no hubiera podido tener de otro modo, y esto me hace especialmente feliz.

Autor / Autora
Redactora colaboradora de los Estudios
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