Qué factores hay que tener en cuenta para diseñar un aprendizaje online de calidad

4 noviembre, 2021
Chica mirando PC

La pandemia de la covid ha acelerado la transformación digital que venía experimentado en distintos grados el ámbito de la educación en todo el planeta. Mientras que, antes de la irrupción del SARS-CoV-2, algunos centros de formación ya llevaban tiempo trabajando en la implementación de estrategias de e-learning, la mayoría de instituciones aún estaban en fases más tempranas, sobre todo en regiones menos industrializadas. 

Sin embargo, el confinamiento y las restricciones posteriores para evitar la transmisión del virus, obligó a escuelas, institutos y universidades a convertir en un tiempo sumamente corto la formación que ofrecían en virtual para poder garantizar así el derecho universal fundamental a la educación. Esa adopción exprés de la enseñanza en línea planteó numerosos retos y oportunidades, que, ahora, casi dos años después, ofrecen una oportunidad única de reflexión acerca de cómo seguir ofreciendo un enseñamiento de calidad en un contexto en el que la mayoría de esferas de la vida pasan por lo digital.

Annie Spratt (Unsplash)

“Se trata de entre todos discutir qué y cómo podemos aprender del experimento masivo que supuso la pandemia y de qué forma podemos diseñar un aprendizaje online de calidad”, apuntó Trine Jensen, directora de la IAU, en la inauguración de la segunda parte del ciclo de coloquios ‘Innovative Education for Unshaped Futures‘, organizado por la UOC junto a la Asociación Internacional de Universidades (IAU, por sus siglas en inglés).

Si los tres primeros de estos webinars, celebrados en junio, se centraron en cuestiones como la vuelta al campus presencial o los desafíos a que deberá enfrentarse la educación superior, los tres últimos se han focalizado en analizar aspectos más concretos y específicos de la transformación digital en que nos hayamos inmersos, desde las tendencias en educación online que la pandemia parece haber apuntalado, el rol del profesorado a la hora de modelar el futuro de la formación digital o cómo lograr que el alumnado se involucre y participe en los estudios virtuales.

El rol de los educadores

Durante la pandemia se establecieron algunas tendencias en educación superior que, ahora que el fin de la crisis sanitaria está más cerca, parece que han llegado para quedarse. La primera es que la formación online permitió libertad a los estudiantes. “Podían estar en su espacio doméstico, tenían libertad para compaginar estudios y familia, incluso para viajar por el mundo cuando las restricciones lo permitieron”, apuntó Siân Bayne, catedrática de educación digital de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.  

“Es nuestro rol como educadores pensar en los beneficios que puede aportar una mezcla de educación online y en persona, después de esta experiencia”, añadió esta investigadora en su intervención en el ciclo de coloquios.  “Las universidades tenemos que pensar en la educación digital y en los desafíos tecnológicos que plantea y en cómo la tecnología nos condicionará a la hora de pensar en el diseño de los cursos”, añadió.

Wes Hicks (Unsplash)

Que la educación haya dado el salto al online y haya podido ofrecer una buena experiencia formativa al alumnado es gracias, en buena medida, a las alianzas que las universidades establecieron con las plataformas online educativas. Sin embargo, esas alianzas también han modificado las prácticas de formación y ahora las universidades tienen como reto por delante “tomar de vuelta el control de la agenda, recuperar el sentido de agencia a la hora de modelar el futuro de la educación y no dejarlo en manos de las plataformas”, según Bayne

Si queremos que no abandonen los estudios, que los finalicen, entonces el compromiso social y académico deben ir de la mano

Y eso pasa, en opinión de esta experta, porque cada institución se plantee qué escenario futuro de educación desea, investigar las tendencias globales que están ya impactando en ese futuro y, por último, establecer los objetivos necesarios para alcanzar ese futuro. “Debemos asegurarnos de que estamos creando las condiciones necesarias para que nuestros estudiantes puedan construir conocimiento y desarrollar sus habilidades y competencias”, destacó Marcelo Maina, profesor asociado de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, y director del Máster de educación y TIC.

Para este investigador del grupo Edul@b, resulta crucial que se acometa esta tarea en equipo, reflexionando siempre acerca de cómo las tecnologías pueden añadir valor pedagógico a través de aumentar la interacción, la colaboración y la autorregulación. “Necesitamos involucrar al alumnado y darles una experiencia motivadora y productiva”, señaló Maina, para quien eso pasa por implementar pedagogías que traduzcan el principio de aprendizaje activo y promuevan la participación de los estudiantes. 

“El foco debe estar en proponer actividades del mundo real con significado en que los estudiantes aprendan en equipo, en continua colaboración e intercambio, resolviendo problemas, casos reales”, rebló Maina.

Cómo fomentar lo social en entornos digitales

En este sentido, de fomentar el trabajo en equipo, la interacción y la colaboración entre el alumnado, la intervención de la profesora Shanali Govender, de la Universidad de Ciudad del Cabo (Sudáfrica) fue particularmente reveladora. “En una sociedad tan desigual como la sudafricana, tan diversa y polarizada, uno de los problemas principales es que la gente se siente desconectada”, afirmó.

Necesitamos involucrar al alumnado y darles una experiencia motivadora y productiva

“¿Por qué es importante que nuestros alumnos establezcan relaciones sociales? Porque hay un link indiscutible entre el sentimiento de pertenencia y éxito académico”, valoró esta experta. “Si queremos que no abandonen los estudios, que los finalicen, entonces el compromiso social y académico deben ir de la mano”, remachó.

 lucas law (Unsplash)

En este sentido, las universidades deben plantearse qué tipo de entornos sociales quieren crear online, cómo hacer que generen dinámicas de participación y de relaciones entre alumnos, y cómo garantizar la equidad, que no haya estudiantes que se sientan excluidos por razones de género, de sexo, de etnicidad o de cualquier tipo.

No podemos simplemente reproducir lo que hacemos en los escenarios cara a cara

Para diseñar esos espacios online de encuentro y socialización, apuntó la investigadora de la UOC Montse Guitert, del grupo Edul@b, hay que tener en cuenta las competencias digitales; no solo se trata de conocer las tecnologías, sino además de tener una serie de habilidades, de actitudes, de estrategias. “No podemos simplemente reproducir lo que hacemos en los escenarios cara a cara”, consideró Guitert, para quien es básico crear una cultura de la colaboración, en la que se puedan establecer distintos niveles, online y de forma asíncrona, y en la que el trabajo individual sea clave para el trabajo en grupo.

Sobre la gobernanza de datos

El paso de la educación presencial a la online, además de los retos acerca de cómo adaptar la formación a ese nuevo escenario, plantea otro desafío importante: la generación de ingentes cantidades de datos y la seguridad de estos. Con la migración del aula a la nube de forma acelerada por la pandemia, los centros tuvieron que cuestionarse cómo cuidar esa información que generaban, quién debía tener acceso y cómo proteger los datos.

Markus Spiske (Unsplash)

“Los ciberataques y los secuestros de datos antes de la pandemia eran un problema para algunas organizaciones, pero durante la crisis de la covid han demostrado ser tan rentable para algunas organizaciones criminales que ahora se consideran una amenaza de primer orden también para la educación universitaria”, dijo Nela Petkovic, investigadora de la Universidad Wilfrid Laurier de Canadá. “Los cibercriminales buscan datos y las universidades son una mina de oro para ellos, lo que explica la frecuencia de cibercrímenes en el entorno universitario”, añadió.

Los cibercriminales buscan datos y las universidades son una mina de oro para ellos

La ciberseguridad se ha convertido en una de las principales prioridades para los centros universitarios, que han tenido que implementar estrategias de gobernanza de datos que les permitan tomar decisiones, a la vez que proteger esa información. En ese sentido, la investigadora Ramón y Cajal de la UOC Juliana Raffaghelli apuntó la importancia de construir una cultura de datos justa basada en cómo se capturan esos datos, se procesan y se usan, y eso pasa por reflexionar acerca de la forma en que este proceso se materializa a través de la manipulación de algoritmos, sistemas de recomendación o de reconocimiento.

“Es importante formar en la alfabetización de datos, tanto de educadores, como de trabajadores de las instituciones de educación superior”, consideró Raffaghelli, que destacó la necesidad de contar con una ética de datos y una política de datos abiertos para así empoderar a la sociedad.

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