Retos de futuro de la Educación, la Psicología y la Acción Social

9 julio, 2021
Niña estudiando

Los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, en el marco del ciclo de webinars Los retos de mañana organizados con motivo del 25 aniversario de su creación, celebraron el pasado 29 de junio la última sesión.

Durante la misma, profesores de la UOC abordaron de manera transversal los ámbitos de conocimiento que forman parte de estos Estudios. Eulàlia Hernàndez (desde Psicología), Albert Sangrà (desde Educación) y Jordi Planella (desde Acción social y educativa), moderados por la directora de los Estudios, Teresa Guasch, hablaron sobre las líneas de investigación a priorizar y sobre qué propuestas formativas hay que diseñar para dar respuesta a los retos y necesidades sociales, así como sobre cómo garantizar el acompañamiento de los profesionales de estas áreas en los próximos años. 

Quinton Coetzee (Unsplash)

Teresa Guasch, directora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación, afirmó que “con este ciclo pretendíamos apuntar los retos que enfrentan y enfrentarán nuestros ámbitos” y añadió que en este último webinar “se buscaba una mirada a largo plazo” que permitiera reflexionar teniendo en cuenta los retos apuntados a partir de tres ejes: ¿qué líneas de investigación hay que priorizar para dar respuesta a los retos planteados?, ¿qué propuestas formativas hay que diseñar que recojan las necesidades sociales apuntadas?, y ¿cómo hemos de garantizar el acompañamiento de profesionales o qué apoyo necesitan para desarrollarse?

Como Guasch comentó, “a partir de la situación que hemos sufrido, con la pandemia, se ha producido un giro del posicionamiento de la investigación: se ha visto la relevancia de contribuir con evidencia científica a la sociedad para la mejora continua de las prácticas profesionales. Creo que esta es una contribución central por parte de nuestros estudios: poner la investigación al servicio de la mejora de la sociedad”.

Nuevas propuestas formativas que recojan las necesidades sociales detectadas

Albert Sangrà, catedrático de Educación de los estudios y director de la Cátedra UNESCO en enseñanza y tecnología para el cambio social, especificó que “hablando de la suma de tres conceptos  -formación a lo largo de la vida, aprendizaje a lo largo de la vida, educación a lo largo de la vida- hablamos de la formación que ofrecen las instituciones -aquella educación que se plantea desde un ámbito de carácter más político- y también del aprendizaje que cada uno va desarrollando por su cuenta”.

Según Sangrà, para diseñar formación a lo largo de toda la vida tenemos que tener en cuenta tres elementos fundamentales: “Primero, que esta formación genere una actitud y para generarla es necesario empoderar más a las personas, capacitarlas y ayudarlas para que desarrollen su autonomía en el estudio y su capacidad de autorreflexión.

Segundo, que se base en nuevas propuestas y nuevos formatos que tengan en cuenta los pilares del aprendizaje del futuro que ya tenemos en el presente: la flexibilidad, la personalización, la interacción y la colaboración sin olvidar la tendencia a la informalización de una buena parte de los aprendizajes.

Las propuestas deberán ser más innovadoras y más transversales a la par que específicas. Ya sé que esto supone la cuadratura del círculo. El tercer elemento, que forme líderes educativos -gente que pueda, impulsar, acompañar, imaginar, compartir visiones-”. Asegura que “todo eso es necesario para que los profesionales afronten los retos que como sociedad nos propongamos: el primero, la libertad de las personas, tal como decía Paulo Freire”.

Una contribución central por parte de nuestros estudios es poner la investigación al servicio de la mejora de la sociedad

engin akyurt (Unsplash)

Eulàlia Hernández, profesora de Psicología del desarrollo y coordinadora del grupo de investigación PSINET, aseguró que “habitualmente, los psicólogos nos hemos formado de manera continuada y deberíamos seguir haciéndolo. La formación que ofrezca la universidad debería permitir dar respuesta a las necesidades reales de las personas, en los distintos contextos en que se mueven, viven y a lo largo de toda su vida: creo que hemos hecho mucho hincapié en los cambios en las primeras etapas de la vida, pero hemos descuidado cómo se desarrolla, qué preocupa a las personas en las últimas etapas.

Hay realidades y problemas que nos  interpelan a todos de forma clara y van más allá del trastorno o la enfermedad mental. Temas como la pobreza, la injusticia, el terrorismo, las dificultades en la vivienda, la soledad, los duelos diversos, los niños no natos… son campos que deberíamos abordar. Por ejemplo, ¿por qué trabajamos y ofrecemos tanta formación sobre depresión y no sobre tristeza?”

Asimismo, Hernández asegura que “debemos enfocar la formación desde la pluralidad de modelos teóricos y de intervención, más allá de lo que es la interacción individual o de grupo. Hay que ir más a lo comunitario. Finalmente, no podemos eludir trabajar sobre cómo usar las TIC para hacer mejores las intervenciones y comprender mejor a la persona, para la prevención, promover cambios… de forma natural, como se ha incorporado la tecnología a nuestra vida”. 

Jordi Planella, catedrático de los estudios de Pedagogía Social y director de la Cátedra Fundación Randstad – UOC de Discapacidad, Ocupación e Innovación Social, asegura que el suyo es un campo muy amplio que en los últimos 30 años ha pasado de una formación inicial no conectada con la universidad a estar dentro de la misma. Ese paso “también ha consistido muchas veces en dar la espalda a la propia realidad.

Ese es uno de los grandes retos que algunos están ya abordando: lo que se da en la universidad debe estar conectado con lo que está sucediendo en la práctica, tanto los proyectos o propuestas que funcionan como las necesidades sociales emergentes… Es un reto no siempre fácil porque la lógica académica hace que el paso de la práctica a la docencia universitaria esté castigado”.

Para Planella, su ámbito se enfrenta a un segundo reto: “una formación no tan basada en la técnica”. Una formación que no de tanta importancia a “la transmisión de conocimientos para aplicar determinadas técnicas frente a realidades o problemas muy concretos, sino una formación que esté basada en el análisis de la realidad social y de las prácticas profesionales que desarrollan algunos colectivos y sustentada desde la crítica y la transformación social.

Históricamente la formación a lo largo de toda la vida profesional de colectivos como los educadores y trabajadores sociales se ha producido sobre todo fuera de la universidad. “La formación en el grado de máster está en emergencia: tenemos el desafío de crear máster que den respuesta a la lógica de las demandas profesionales y a la demanda de realidades problemáticas cambiantes en un contexto de alta complejidad. También deberíamos plantear formaciones, si no específicas al menos en programas de doctorado más amplios, para que estudiantes que ya han pasado por el grado de Educación Social, Trabajo Social o formaciones como la Pedagogía o la Psicología vinculadas a lo social, puedan dar ese paso” para seguirse formando y así tener abierta la puerta de la investigación.

Líneas de investigación que priorizar para dar respuesta a esas mismas necesidades

Todos coinciden en que es difícil priorizar unas líneas sobre otras: hacerlo no significa olvidar las descartadas. Para Sangrà, sin embargo, deben estar especialmente consideradas líneas como “la mejora de la docencia: el análisis, el estudio de cómo podemos mejorar la docencia escolar y universitaria para obtener mejoras en el aprendizaje.

Otra línea importante sería la relacionada con el diseño y desarrollo de modelos híbridos significativos que supongan un avance en el proceso de aprendizaje  de las personas, que no sean una mera traslación de lo que hacemos presencialmente.

Cómo ayudar a las personas a que aprendan más y mejor, desde enfoques innovadores y actuales

En tercer lugar, investigar sobre los procesos y las claves de la transformación digital de las instituciones educativas para desarrollar verdaderas instituciones del siglo XXI que den respuesta a las necesidades educativas de nuestra sociedad”. Asimismo, para Sangrà, deberíamos, igual que hablamos de la docencia, enfocarnos “en cómo ayudar a las personas a que aprendan más y mejor, desde enfoques innovadores y actuales. Se puede y se debe aprender a lo largo de la vida, pero conviene que demos pautas que ayuden a hacerlo a lo largo de este tiempo que cada vez se expande más”.

Por otro lado, cree que no se puede olvidar el estudio de las diversidades funcionales y de los déficits de aprendizaje: “la diversidad se tiene que entender como elemento sustancial de la personalización, clave en los próximos años. Esa personalización tiene que pasar por el análisis de las necesidades funcionales y de las necesidades que nos generan los déficits de aprendizaje.”

Lo que se da en la universidad debe estar conectado con lo que está sucediendo en la práctica

Tanto él como Eulalia Hernández coinciden en que se necesita estudiar la alfabetización en datos de los profesionales de la Educación y la Psicología, así como el análisis, selección e interpretación adecuada de dichos datos. 

A Hernández le preocupan “los instrumentos de evaluación, los test” y se pregunta si “deberíamos trabajar para tener nuevos instrumentos. Lo que si es seguro que debemos hacerlo para evaluar cómo somos ahora, ya que hemos cambiado.” En esa línea, hay que plantearse nuevas “baremaciones” más representativas. Asimismo, para esta psicóloga, “es imprescindible seguir promoviendo la interdisciplinariedad. Eso no significa diluir la identidad de la Psicología, sino de construir una disciplina que va más allá, y que puede contribuir a la economía, la comunicación…”

Para ella, la pregunta que debemos responder es ¿cómo podemos trabajar interdisciplinariamente con otros profesionales para contribuir al conocimiento de la conducta de las personas?. Y vuelve a insistir en “el análisis, el estudio, la investigación en la tecnología… para comprender mejor la conducta de las personas, cómo somos, cómo nos relacionamos, cómo vivimos, y hacerlo para promover el cambio o para prevenir las situaciones no deseadas, pero sobre todo para que nos ayuden a personalizar las intervenciones”.

Nathan Dumlao (Unsplash)

Para Planella, que insiste en que la vinculación con la universidad es reciente y por lo tanto también la parte investigativa de las profesiones de su ámbito, un reto es “la introducción de la cultura investigadora en la formación de los profesionales, pero sobre todo para que se pueda transmitir en los dispositivos profesionales después para que no sea visto como una opción que hacen de forma exótica los profesores de la universidad o los investigadores”, ya que para él, “la propia práctica debería comportar esta lógica de la investigación de procesos evaluativos que pueden tener interpretaciones desde la investigación”. Según Planella, “hacen falta investigaciones sobre los nuevos colectivos que aparecen y proponer investigaciones que no se realicen desde la universidad, sino que, desde una perspectiva ética, hemos de apostar por investigaciones conjuntas de manera cooperativa y colaborativa para poder producir conocimientos que luego cada cual aplique a los intereses que pueda tener”. Si tuviera que escoger una línea de investigación, apostaría por trabajar de forma transversal, apostaría por una macro línea de investigación que pueda tener la denominación “trabajo hacia una sociedad inclusiva”. 

Cómo garantizar el acompañamiento de los profesionales y la transferencia de conocimientos

Para Albert Sangrà, “a nivel individual, el acompañamiento en la carrera profesional es fundamental. Hay que facilitar estrategias de asesoramiento y de apoyo al desarrollo, crecimiento y avance de la carrera profesional”. Desde la universidad hay que dar apoyo a las personas que continúen con la formación, pero también es importante que los que actúan en otros ámbitos educativos sientan el acompañamiento permanente de la institución universitaria y de sus profesionales para resolver mejor los problemas que vayan teniendo. La toma de decisiones es y será compleja “puesto que estamos en un periodo de grandes cambios: sabemos de la incertidumbre, sabemos muy poco lo que va a suceder y somos capaces de hacer miles de hipótesis, pero el día a día laboral y profesional es mucho más concreto” por eso hay que apoyar ahí.

Desde un punto de vista institucional, sería interesante trabajar “la implantación de marcos competenciales o de evaluación en las instituciones educativas. Estamos trabajando con marcos anteriores que no se ajustan a la realidad que ha cambiado. La investigación se tiene que hacer conjuntamente con las escuelas, las universidades y con los profesionales que están en las trincheras porque allí surgen los problemas. Es donde se los puede identificar para buscarles una solución”. Este mismo aspecto también lo quiso destacar Eulàlia Hernández, que afirmó que “no somos nosotros los que vamos a formar o a investigar a un sitio, sino que realizamos un trabajo conjunto” con las instituciones y profesionales que los reciben.

Sangrà recalcó que “estamos transitando de una sociedad analógica a una más digital. Tenemos que ser capaces de responder a esa realidad. Hay que ayudar para que esa transformación sea con sentido para las instituciones educativas y también para que sea con el sentido último de la educación: facilitar el crecimiento y liberación de las personas, liberación que les tiene que permitir desarrollar la sociedad”. 

Ehimetalor Akhere (Unsplash)

Asimismo, Hernández comentó que “tenemos que acompañar al graduado en la entrada al mundo laboral. Definir de manera clara qué tareas puede y no puede hacer. Me preocupan los déficits estructurales respecto a la presencia del profesional de Psicología en los distintos dispositivos de atención a poblaciones con dependencia, vulnerabilidad, en atención primaria… Y creo que, colegios y asociaciones profesionales deberíamos ir de la mano para conseguirlo solucionar”. Para esta psicóloga, los profesionales “debemos olvidarnos de los trastornos, de lo patológico, y centrarnos en la promoción de la salud y el bienestar de las personas. Eso permite que la  inserción del profesional sea más amable”. Insistió en que sería interesante aliarse con cualquier profesional que trabaje con personas -desde un ingeniero informático a un comercial o un diseñador de interiores- .

La investigación se tiene que hacer conjuntamente con las escuelas, las universidades y con los profesionales que están en las trincheras porque allí surgen los problemas.

El profesor Planella lanzó una pregunta: ¿quién transfiere a quién el conocimiento? Para él, podría parecer que la lógica de la transferencia fuese, a través de investigaciones hechas desde la universidad, se sistematizan o producen saberes. “Desde la universidad, vamos a la práctica a buscar conocimientos, los elaboramos y los devolvemos”. Pero en el caso de los profesionales de la acción social, en concreto en el grado de educación social, es constante la transferencia que se produce en su día a día. Casi el 50% de los estudiantes están trabajando. Según Planella, “llegan de forma cotidiana y constante a esos conocimientos”. ¿Quién transfiere a quién entonces? ¿La Universidad a sus estudiantes o sus estudiantes a la Universidad? ¿Cuál debe ser el papel de la institución universitaria?. Asegura que, desde una perspectiva ética, “estamos obligados a acompañar a los estudiantes, pero también estamos obligados a acompañar a las organizaciones en proceso de cambio e innovación, que acogen a esos estudiantes en prácticas o graduados. Me parece interesante producir trabajo conjunto -desde el conocimiento que tienen o de la práctica que realizan esas organizaciones y sus profesionales-. Nosotros podemos transformarlo y sistematizarlo en forma de conocimiento-. La transferencia se daría de forma bidireccional: recibiríamos y devolveríamos. Nuestro papel es, en parte, abrir las puertas para que puedan entrar y entrar nosotros en las organizaciones.” Para él, “el modelo de formación de profesionales sanitarios del campo de la Medicina es un referente. La separación radical entre la práctica y la teoría no se da en sus profesionales. Sería interesante poder combinar ambas y así sería cotidiano y permanente esa transferencia y acompañamiento”.

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